Transición

Oswaldo Villaseñor

Culiacán, Sin.- ¿Porque no se puede poner fin a la violencia en Sinaloa? Y esa debe ser la misma pregunta para todo el país. ¿Por qué no? Esa es la pregunta que aún tiene una sola respuesta y la dio el general Jesús Leana a los ocho días de iniciada la guerra entre las dos facciones del Cártel de Sinaloa.

Ya se tienen 17 meses de guerra y todo sigue igual o peor que el primer día. No se ve una luz de esperanza de que ésta pueda acabar y mientras tanto más personas mueren y más daños a la economía de la gente se registran.

En aquellos días, el general Jesús Leana despertó la indignación de los sinaloenses cuando, en un momento de honestidad, dijo que la violencia en Sinaloa acabará cuando los grupos en pugna lleguen a algún acuerdo.

Así lo dijo el general y así lo escribimos: “Que regrese la paz y la seguridad a Culiacán, no depende de nosotros -Ejército- sino depende de ellos -narcos-. Que dejen ya de confrontarse entre sí”.

Lo dicho dejó mudos a todos los periodistas presentes. El góber de Sinaloa, Rubén Rocha, -quien estaba a su lado- encogió su cuerpo, se hacía chiquito y su rostro lo dijo todo.

Las palabras del general eran una pesada lápida para un gobierno rebasado por la delincuencia.

Pero el general tuvo una segunda oportunidad para corregir y enmendar lo dicho y no lo hizo. Al contrario, lo ratificó.

-¿Entonces quiere decir que la paz y la seguridad dependen de los delincuentes? -Se le volvió a preguntar.

El general reafirmó. “Pues sí depende de ellos -narcos-. que dejen de enfrentarse y dejen a la gente en paz, nosotros nada más estamos para buscar evitar que se enfrenten entre sí”.

Hasta ahí.

El pasado miércoles, el reportero de la BBC de Londres Quentin Sommerville estuvo presente en la conferencia mañanera e hizo la misma pregunta a la presidenta Sheinbaum que a diario se hacen los sinaloenses y los mexicanos en general.

Sommerville dijo que estuvo en días recientes en Sinaloa y efectivamente vio mucha presencia militar, pero a pesar de eso, se siguen dando asesinatos, hay violencia y ataques. La gente vive con miedo, le expresó.

Luego vino la pregunta. “¿Porqué su gobierno no ha podido poner fin a este problema y qué es lo que tendría que hacer para finalizarlo?”

Insistimos, la única respuesta honesta y real la ha dado el general Jesús Leana.

Claudia Sheinbaum rodeó una pregunta concreta y al final, sin decirlo, respondió por qué no se pone fin a la narcoguerra que vive Sinaloa.

De entrada Claudia Sheinbaum insiste en su posición de no reconocer el gran fracaso de su gobierno y en decir que ha reducido el número de homicidios. Esa cantaleta nadie se la cree.

En pocas palabras, mientras el gobierno siga sin reconocer el problema real, difícilmente le podrá poner fin a la narcoguerra en Sinaloa y a la violencia en todo el país.

Luego vino con la cantaleta de que hay que entender qué fue lo que desató toda esta violencia y destacó la división del Cártel de Sinaloa con la detención de El Mayo Zambada que, por cierto, dijo, nunca quedó muy claro cómo fue o cómo se dio.

¿Qué hacemos nosotros, dijo Claudia Sheinbaum? “Bueno, lo que hacemos es evitar que las confrontaciones de los grupos afecten a la gente”.

“Nuestra política no es el enfrentamiento militar porque eso ya se probó en México de 2006 a 2012 y fue eso lo que generó mucha más violencia”.

“Lo que se busca es la detención -de los generadores de violencia-  en el marco de la ley y al mismo tiempo, atender las causas y evitar que los jóvenes se acerquen a los grupos delincuenciales. Lo que hacemos, es evitar que haya afectaciones a la población civil”, insistió.

¿Entonces ya se entendió por qué no se pone fin a la violencia? Insistimos, el gobierno federal no combate la violencia, sólo la administra. Así, cada visita de Harfuch a Sinaloa no es para mandar una señal de que se combatirá a los delincuentes, si no reiterar un apoyo político al gobierno de Sinaloa.

Sinaloa está que arde. En Mazatlán, pese al operativo policiaco especial para blindar los festejos del carnaval, seis turistas originarios de la Ciudad de México fueron levantados. Sólo se liberó a una mujer y a una niña. Cuatro hombres aún siguen desaparecidos.

Pero aún hay más, pese a la llegada de  mil 200 elementos militares que peinan la zona serrana del sur de Sinaloa en busca de 10 ingenieros mineros desaparecidos en el municipio de Concordia, ayer se privó de la libertad a un empresario minero en el municipio de San Ignacio. Todo esto, mientras Harfuch estaba en el estado.

Las detonaciones de bombas o artefactos explosivos en la ciudad de Culiacán son el pan de cada día. Ayer fueron cuatro en tres colonias.

¿Entonces por qué no se pone fin a la violencia? Muy sencillo. Al gobierno federal le conviene sólo administrarla y usarla para tener llena de miedo a la gente. Un pueblo con miedo jamás se levanta a protestar y aguanta todo.

Mejor repuesta no pudo dar Claudia Sheinbaum.

Habrá que estar pendientes.

PASO A PASITO.- Le preguntaron al góber de Sinaloa, Rubén Rocha, qué opinaba de la detención del alcalde de Tequila, Jalisco y en un toque de “honestidad” dijo: “No sé lo que pasa en Sinaloa y voy a saber lo que pasa en otros lados”.

Parece chiste, pero no lo es.

OTRO PASITO.- ¡Y lo que falta por ver! La foto y video que dio la vuelta al país en cuestión de segundos es una donde se capta a una mujer y un hombre limpiándole los zapatos al magistrado indigenista y presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar Ortiz.

Ni en los tiempos de la Corte fifí de los prianistas se vio algo así.

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