BITÁCORA INQUIETA

Jesús Octavio Milán Gil

Las leyes no cambian el país por decreto, lo cambian cuando alteran el equilibrio del poder.

México vuelve a tocar el corazón de su arquitectura democrática. No es la primera vez. Cada generación cree que puede perfeccionar la mecánica del voto como quien ajusta el reloj heredado del abuelo. Pero esta vez, la reforma no es solo técnica: es estructural, financiera y simbólica.
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I. CONTEXTO POLÍTICO

La iniciativa fue presentada públicamente por la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Se trata de una reforma constitucional, lo que implica mayoría calificada en el Congreso y aprobación en congresos estatales.

El árbitro electoral, el Instituto Nacional Electoral, se convierte nuevamente en el epicentro del debate.
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LO CONFIRMADO

1. Reducción del Senado

– El Senado pasaría de 128 a 96 integrantes.

– Se eliminarían los 32 senadores plurinominales.

– Quedaría compuesto por 64 de mayoría relativa y 32 de primera minoría.

Frase-clave:

“Menos escaños, más austeridad”, es el argumento central del Ejecutivo.
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2. Cámara de Diputados (500 se mantienen)

• 300 por mayoría relativa.

• 200 bajo un nuevo esquema de representación proporcional:

° Espacios para “mejores perdedores”.

° Diputaciones por votación directa por lista.

° Curules para representación migrante.

No desaparece la representación proporcional, pero se rediseña.
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3. Recorte presupuestal (25%)

• Reducción del gasto electoral en aproximadamente 25%.

• Ajustes en estructuras administrativas.

• Tope salarial alineado al principio constitucional de austeridad.

• Eliminación de duplicidades entre órganos nacionales y locales.
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4. Fiscalización más estricta

• Prohibición de aportaciones en efectivo.

• Recursos exclusivamente a través del sistema financiero.

• Mayor acceso del INE a información bancaria de partidos y candidaturas.
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5. Ajustes operativos

• Reducción de tiempos oficiales en radio y televisión durante campañas.

• Eliminación del PREP como sistema preliminar, privilegiando cómputos distritales directos.
El Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), vigente desde 1994, podría sustituirse por un sistema de cómputo distrital directo; el diseño definitivo aún no ha sido publicado en dictamen.

• Regulación del uso de tecnologías digitales e inteligencia artificial en campañas.
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LO DEBATIBLE

Aquí comienza la zona gris.

1. Representación proporcional

La oposición y algunos aliados argumentan que modificar la fórmula podría alterar el equilibrio entre mayoría y pluralidad.
El oficialismo sostiene que no desaparece, solo se racionaliza.

2. Autonomía del INE

Aunque no se ha formalizado una modificación estructural de su autonomía, el debate político sugiere preocupación sobre:

• Facultades ampliadas del Ejecutivo en materia administrativa.

• Reconfiguración de atribuciones locales.

No existe hasta ahora un texto aprobado que altere explícitamente su autonomía constitucional.

3. Reelección y nepotismo

Se ha mencionado la intención de eliminar la reelección consecutiva a partir de 2030 y prohibir prácticas de nepotismo electoral.
El alcance normativo específico aún depende del dictamen final.
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LO NO VERIFICABLE (HASTA AHORA)

• Cualquier versión sobre elección popular de consejeros electorales.

• Supuestas intervenciones directas del Ejecutivo en nombramientos del INE.

• Cambios definitivos en la integración de tribunales electorales.

Estas versiones circulan en debate político, pero no forman parte confirmada del proyecto presentado públicamente.
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ANÁLISIS CRÍTICO

México no está ante una reforma cosmética. Está ante una discusión sobre cómo se representa el poder y cuánto cuesta ejercerlo.

Reducir escaños no necesariamente fortalece la democracia; puede hacerla más eficiente o más concentrada, dependiendo del diseño final.
Eliminar efectivo en campañas fortalece la transparencia.
Reducir gasto puede sanear finanzas, pero también limitar capacidad operativa si no se equilibra.

La pregunta profunda no es si cuesta menos organizar elecciones.
La pregunta es si costará menos la democracia.6

Porque en América Latina la historia enseña que la austeridad sin contrapesos suele convertirse en centralización.

“El artículo 54 constitucional establece que ningún partido podrá contar con un porcentaje de curules que exceda en ocho puntos su porcentaje de votación nacional, límite que deberá observarse bajo cualquier rediseño.

Pero también es cierto que sistemas sobredimensionados pueden erosionar confianza cuando la ciudadanía percibe privilegio sin eficacia.
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DIMENSIÓN HISTÓRICA

México ha reformado su sistema electoral en 1977, 1990, 1996, 2007 y 2014.
Cada reforma respondió a crisis de legitimidad.
La de 2026 responde a una crisis distinta: la percepción de sobredimensionamiento institucional y altos costos.
No se trata ya de conquistar autonomía, sino de redefinir eficiencia.
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PROPUESTA REFLEXIVA

Si esta reforma pretende trascender la coyuntura, debería:

• Blindar explícitamente la autonomía constitucional del árbitro electoral.

• Publicar análisis de impacto presupuestal independientes.

• Garantizar que cualquier rediseño de representación no reduzca pluralidad política.

• Establecer evaluación técnica posterior a su implementación.

La democracia no es solo el día de la elección; es la confianza acumulada.
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CONCLUSIÓN

La reforma electoral 2026 no es el fin del sistema que conocimos.
Es su reingeniería.

Puede convertirse en modernización responsable o en reacomodo estratégico del poder.
La diferencia no está en el discurso, sino en la letra fina.

Porque cuando se reforma la ley electoral, no se mueve un artículo: se mueve el equilibrio invisible entre el ciudadano y el Estado.

Y ese equilibrio —como la fe pública— tarda décadas en construirse y apenas un descuido en fracturarse.

¿La reforma electoral busca fortalecer la representación democrática o consolidar una mayoría que altere el equilibrio político en favor del partido en el poder?

¿La redacción propuesta garantiza el límite constitucional de sobrerrepresentación (8%) o abre la puerta a una mayoría artificial que distorsione la voluntad popular?

¿Se están modificando las reglas del juego desde la prudencia democrática o desde la ventaja coyuntural del partido en el poder?

Porque la democracia no muere de golpe: se erosiona cuando el poder decide escribirse a sí mismo las reglas y llamarlo voluntad popular.

Las reglas no deben servir al poder; el poder debe someterse a las reglas.

Hoy se debate una reforma; en realidad, se está definiendo el tamaño de nuestra democracia.
Nos vemos en la siguiente columna.
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