Sheinbaum, Lula y los tiempos de la guerra
Los presidentes de México y Brasil observan los movimientos de Marco Rubio en el laberinto iraní. El temor a un mayor intervencionismo en la región. Definiciones en el Caribe.
Los funcionarios mexicanos que el pasado jueves conversaron con el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, durante su visita a Cancún, concluyeron con una idea clara sobre el rumbo de la guerra en Medio Oriente: el punto de inflexión ocurrirá esta semana cuando, se estima, los objetivos militares en Irán se hayan agotado y llegue el momento de las definiciones políticas. A ese cálculo obedece el viaje de Marco Rubio a Florida para reunirse con Donald Trump este fin de semana.
Mientras el presidente republicano decide el rumbo de su incursión bélica, los últimos días han sido críticos para la infraestructura energética de la región. The Wall Street Journal detalló este jueves los daños en instalaciones de petroleras como Shell y Saudi Aramco en Qatar, Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.
En paralelo, la retórica del gobierno iraní no contempla repliegue alguno. El vocero del comité de asuntos exteriores y defensa del parlamento, Ebrahim Rezaei, afirmó tras reunirse con mandos militares que cualquier diálogo con Trump está fuera de la agenda, pues Teherán se concentra en “castigar a los agresores”. Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, describió el conflicto como un potencial “Vietnam” para Estados Unidos.
Entre el frente energético y el teatro de operaciones, la guerra ingresa en una fase incierta. El Gobierno de Claudia Sheinbaum observa estos acontecimientos con cautela. A la mandataria le preocupa el plano económico -especialmente el impacto doméstico de un barril de crudo por encima de los 150 dólares-, pero le inquieta aún más el frente de seguridad: en el oficialismo temen que, tras Irán, el tablero militar de Trump se vuelque hacia América Latina, con especial foco en México, Cuba y Venezuela.
Sheinbaum recibió esta semana un análisis clave: aunque la guerra con Irán es impopular en Estados Unidos el despliegue de fuerza regional podría beneficiar a Trump en estados que, antes blindados para los republicanos, ahora comienzan a comportarse como verdaderos battlegrounds. Los casos más emblemáticos son Texas y Florida.
La presidenta espera el fin de las hostilidades, pero teme que las próximas batallas de Washington tengan lugar en el continente y, específicamente, en México, donde el afán intervencionista es evidente.
Por su parte, el presidente de Brasil, Lula da Silva, principal aliado regional de Sheinbaum, urge también por un cese al fuego.
Según fuentes de la Cancillería mexicana, Lula enfrenta complicaciones por la presión en el precio de los fertilizantes -Brasil es el tercer comprador mundial después de China y Rusia-, pero, fundamentalmente, por el uso político que la oposición hace de sus nexos históricos con Teherán. Es un flanco previsible: Lula visitó Irán en 2010 y existen registros con el expresidente Mahmoud Ahmadinejad y el líder supremo, el Ayatolá Alí Jamenei, recientemente fallecido en un ataque estadounidense.
Con elecciones presidenciales en octubre, el mandatario brasileño necesita que la cuestión iraní pierda peso en la agenda interna y evitar maniobras de Trump en su política doméstica. Por ello, Lula actúa como un colaborador estratégico de Rubio en el “ajedrez venezolano” y promueve el acuerdo continental sobre tierras raras impulsado por el Departamento de Estado, que tuvo su primer aterrizaje en San Pablo con una cumbre entre mineras e inversores.
Los horizontes de Lula y Sheinbaum se cruzan en la figura del secretario de Estado. Ambos mandatarios, quienes podrían reunirse en junio, entienden que la guerra no solo definirá la administración de Trump, sino también el futuro electoral de Rubio y su visión de política exterior. Una tesis que viene a proponer que Estados Unidos no buscará largas ocupaciones militares, sino intervenciones concretas para encumbrar liderazgos afines a Washington.
Es una cuestión crucial. Mientras esa lógica tiene sus puntos de máxima intensidad en Caracas y La Habana, tanto Lula como Sheinbaum buscan evitar que la Casa Blanca interfiera en sus contiendas electorales. Por eso, este miércoles, durante la discusión de las reformas electorales en México, se planteó separar la revocación de mandato de las elecciones intermedias para blindar las casillas de votación de posibles maniobras extranjeras.
Para Lula, el panorama es aún más nítido: el entorno de Trump mantiene una relación directa con la familia de Jair Bolsonaro, núcleo político de la oferta opositora para octubre.
Tanto Lula como Sheinbaum se encuentran en una arena similar: para ellos la guerra no es solo un asunto de precios, sino de cómo emergerá Rubio, el gran árbitro regional, del laberinto iraní.

