Tradición familiar
Desde tiempos inmemorables se sabe que no hay nada más sólidamente constituido que la familia, con los lazos familiares se mantienen las creencias religiosas, ideologías políticas, afinidades y por sobre todo, la tradición de respeto a la ley; no existe nada más fuerte y sólido que la estirpe, en muchas ocasiones en ella se hereda la profesión, el gusto por la justicia, el rechazo a la arbitrariedad; cuando se respeta ese linaje se adquieren lazos indestructibles.
Todos sabemos que la familia siempre será constituida para los efectos de lograr y tener una larga duración, para que prevalezcan las tradiciones en ella. Esos ritos familiares se logran mediante los consejos de generación en generación, con el objeto, de que esas lecciones les lleguen a todos aquellos o aquellas que nos siguen. Esas deliberaciones familiares sólo se deben de hacer llegar con el amor que se profesa a hijos y nietos.
Sea lo que sea, es esta ocasión, la pluma la dirijo a las futuras generaciones de abogados en mi familia, con especial mención al espíritu de Ana Carolina, la más joven de mis nietas, la cual desde el vientre ha acompañado a su madre a trabajar en lides relacionadas con la abogacía, es por ello que debo de dejar constancia en ésta colaboración, para que esa licenciadita lo guarde en su corazón y siempre mantenga el ideal de justicia, que como todos sabemos, es “la firme voluntad de dar a cada quien lo suyo”.
Como todos percibimos o debemos de estar al tanto, en la abogacía existe una añeja tradición que data del año de 1661 y ella se agrupa en torno a esa reciente toga en reunión especial, a la que se le denominó “Comité de los Bancos”, para que esas insipientes togas aprendieran de todos aquellos intereses de la orden y las medidas disciplinarias de ella. En aquellas lejanas épocas, como en las actuales, los abuelos tenían por costumbre reunirse con los nietos alrededor de “Bancos” colocados en el gran salón de los “Pasos Perdidos”; los nietos deben de sentarse en sus pupitres y los abuelos desde ese momento se dan a la noble tarea de aconsejar a sus aprendices.
Hoy en mi familia, esa añeja tradición no se ha perdido, por lo que me he propuesto sentar en su pupitre a Ana Carolina, la más reciente de mis nietas e instruirla diciéndole que como abuelo tendré que vigilar que estudie en los libros de leyes adecuados, me comprometo a ser su Decano Vitalicio.
Que en las “vistas” que llegue a tener en el futuro para deliberar los importantes asuntos legales que represente, va a contar con que siempre me mantendré a su diestra y al oído le aconsejaré: “no olvides jamás que en la Constitución se mandata la exacta aplicación de la ley”.
Es cuánto.
Lic. Alberto Woolrich Ortiz.
Presidente de la Academia de Derecho Penal
del Colegio Nacional de Abogados Foro de México, A.C..

