Velasco frente al desafío sigiloso de la SRE
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Mesas de arena sobre la política exterior que viene. El momento más complejo con EU. La clave de la respuesta a la ONU.
En la cúpula del oficialismo se suele decir que, así como la 4T ha permeado en diversas latitudes del Estado, la Secretaría de Relaciones Exteriores permanece como un territorio inconquistable, operado por una burocracia diplomática distante de los preceptos elementales del obradorismo.
Este diagnóstico ha mutado, desde el miércoles pasado, a un formato de interrogante que busca dilucidar si Roberto Velasco, el nuevo canciller, tendrá la capacidad de alinear a la Secretaría de Relaciones Exteriores con los objetivos políticos de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Se trata de una tarea compleja. El ahora excanciller Juan Ramón de la Fuente asumió en 2024 con el pedido a los diplomáticos de que estos defendieran en el extranjero, de modo más enfático, al Gobierno. El mensaje no tuvo buena recepción y, a las pocas semanas, el servicio exterior descarriló, a partir de una campaña interna, a un funcionario de confianza que el entonces canciller buscaba hacer responsable de los consulados de Estados Unidos y Canadá.
El personal de carrera de la Cancillería tiene una formación estructural distante del morenismo y con un agregado del cual ya se quejaba Marcelo Ebrard en 2019: son funcionarios de gran preparación que se entienden por encima de cualquier mandato o conducción de corte político.
Son dolores de cabeza que no tuvieron administraciones anteriores. El servicio exterior defendió en el mundo la guerra contra las drogas de Felipe Calderón, así como también a Enrique Peña Nieto frente al desastre de Ayotzinapa. Y, sin embargo, la defensa a los gobiernos morenistas frente a los exabruptos de la política estadounidense ha sido tenue, meticulosa, ocasional.
El nuevo canciller entiende la necesidad de operar con un grupo compacto que imprima la consigna de responder a cualquier tipo de exaltación. El cónsul Mauricio Ibarra (El Paso), así como los embajadores al frente de los consulados de Chicago y Los Ángeles, Reyna Torres y Carlos González Gutiérrez, son los funcionarios de su mayor confianza en Estados Unidos; de hecho, en ciertos despachos de la SRE se menciona a González como posible subsecretario para América del Norte.
Se trata de un grupo de diplomáticos promovidos por Velasco pero que, fundamentalmente, se han mostrado activos en la defensa de los migrantes mexicanos, priorizando un trabajo territorial por sobre las ocupaciones que más suelen interesar a los funcionarios del servicio exterior. Es una lógica que establece que la protección de los mexicanos al otro lado de la frontera debe ser la primera línea de defensa del Gobierno frente a la Casa Blanca.
En esta misma sintonía aparecen dos figuras de consulta para Velasco: por un lado, Daniel Tovar, funcionario de la SRE dedicado a cuestiones multilaterales, y Pablo Monroy, encargado para América del Sur y allegado a la familia de Luisa María Alcalde.
De las conversaciones con estos actores emergió, según explicaron a LPO desde la Cancillería, la contestación del Gobierno a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por la polémica sobre los desaparecidos en México.
Fue solo una muestra inicial de la tónica que Velasco pretende aplicar en el manejo de la agenda exterior: emitir posturas contundentes, pero con el equilibrio de sostener las conversaciones más decisivas en privado.
Esa dualidad fue imposible para De la Fuente y de ahí su salida, camuflada en motivos personales. El excanciller nunca quiso confrontarse con Washington y apeló a respuestas demasiado etéreas frente a un gobierno extranjero que ha esgrimido acusaciones explosivas, con antecedentes que se remontan a los años de tensiones bélicas entre ambos países.
La narrativa política, entienden cada vez más en Palacio Nacional, va a ser la única herramienta del Gobierno frente a un arrebato unilateral de Donald Trump en territorio nacional. Si llegara a suceder el peor de los escenarios, el oficialismo solo tendrá su comunicación como mecanismo de respuesta y por eso el ascenso de Velasco, quien desde hace un mes venía contestando en sus redes sociales a distintos mensajes hostiles provenientes de la política estadounidense.
El cambio de canciller sucede, además, cuando Trump comienza a presentar como inevitable su salida de Medio Oriente, lo cual volverá a poner el foco de acción en América Latina, donde radican las cuestiones que pueden traducirse en votos para los republicanos en las elecciones de medio término.
La cercanía con la cita electoral será, calculan cerca de Sheinbaum, el periodo más sensible de la relación bilateral, momento que tendrá su punto de partida en la final de la Copa del Mundo, el 19 de julio en Nueva Jersey.

