Veracruz desmiente con cifras la campaña negra de la oposición
Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”. – Sófocles.
En política, como en el mar, no todo lo que parece turbulento responde a una tormenta real. En Veracruz, durante esta primera semana de Semana Santa, la oposición ha decidido apostar —una vez más— por una estrategia conocida, pero no por ello menos dañina: la campaña negra como herramienta de desgaste político.
El argumento ha sido reiterado hasta el cansancio: que las playas veracruzanas están contaminadas, en pésimas condiciones y que representan un riesgo para los visitantes. Sin embargo, la narrativa se desmorona cuando se contrasta con la realidad documentada. Los datos de ocupación hotelera y la afluencia turística evidencian un comportamiento positivo, con un flujo constante de visitantes que, lejos de huir, han elegido Veracruz como destino.
Las cifras, en este caso, no admiten interpretación tendenciosa. Veracruz inició el periodo vacacional con una ocupación hotelera del 80.58%, lo que representa un incremento de 3.59 puntos porcentuales respecto al mismo periodo de 2025, consolidándose como uno de los destinos preferidos del país. Municipios como Tlacotalpan, Orizaba, Alvarado y el corredor Tecolutla–Nautla registraron ocupaciones superiores al 85% e incluso cercanas al 90%, reflejo de una clara y sostenida afluencia turística en diversas regiones.
Pero la tendencia no se detuvo ahí. Conforme avanzó la semana, la ocupación hotelera creció hasta 87.41%, con destinos como Jalcomulco, Tlacotalpan y Úrsulo Galván superando el 95%. No se trata de percepciones, sino de indicadores concretos que confirman una temporada activa, con importante derrama económica y dinamismo en el sector servicios.
Aquí es donde la política deja de ser debate y se convierte en propaganda.
Resulta pertinente preguntarse: ¿quién gana cuando se difunde la idea de que el principal atractivo turístico de una entidad está en crisis? La respuesta no apunta a la ciudadanía, ni mucho menos a los prestadores de servicios turísticos que dependen de estas temporadas para sostener su economía. Los únicos beneficiarios son aquellos actores políticos que, incapaces de construir una alternativa sólida, recurren a la mentira como instrumento de posicionamiento.
El caso de la administración encabezada por Rocío Nahle García no es aislado. Desde el inicio de su gestión, ha enfrentado una narrativa sistemática de descalificación que se sostiene más en percepciones inducidas que en hechos verificables. La constante ha sido la misma: amplificar rumores, distorsionar información y repetir falsedades hasta intentar convertirlas en verdad.
Pero esta vez, el costo de esa estrategia es particularmente alto.
No se trata únicamente de golpear políticamente a un gobierno; se trata de afectar directamente a miles de familias que viven del turismo. Restauranteros, hoteleros, transportistas y comerciantes ven cómo una campaña de desinformación puede incidir en la percepción de los visitantes y, por ende, en sus ingresos.
Más aún, incluso en medio de reportes aislados sobre presencia de hidrocarburos en algunas zonas del Golfo de México, las autoridades sanitarias federales han sido claras. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios confirmó, tras muestreos recientes, que todas las playas de Veracruz son aptas para uso recreativo. Es decir, la evidencia técnica contradice frontalmente la narrativa alarmista.
Más preocupante aún es el papel que han asumido algunas empresas periodísticas y ciertos pseudo comunicadores. Lejos de cumplir con su responsabilidad social de informar con veracidad, han optado por convertirse en amplificadores de versiones sin sustento. No es ignorancia; en muchos casos, es una decisión consciente. Saben que la información que difunden carece de rigor, pero continúan haciéndolo, apostando a que el impacto mediático compense la falta de ética.
Este fenómeno no solo erosiona la credibilidad de los medios, sino que también degrada el debate público. El periodismo, entendido como un ejercicio de contraste, verificación y responsabilidad, queda relegado frente a la inmediatez de la descalificación y el escándalo.
La oposición en Veracruz enfrenta un dilema de fondo: seguir apostando por la mentira como estrategia o construir una narrativa basada en propuestas y hechos. Hasta ahora, ha optado por lo primero.
Sin embargo, los números —fríos, contundentes— cuentan otra historia. La realidad de playas concurridas, hoteles llenos y destinos en plena actividad desmonta el discurso catastrofista. Veracruz, pese a las campañas de desinformación, se mantiene como un destino vigente, atractivo y en movimiento.
En tiempos donde la información circula con rapidez, la responsabilidad de quienes la generan y difunden es mayor que nunca. Porque al final del día, no se trata solo de ganar una disputa política, sino de no perder lo esencial: la confianza de la sociedad.
Y esa, una vez erosionada, no se recupera con campañas… ni con mentiras.
Al tiempo.
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“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx


