Astrolabio Político

Por: Luis Ramírez Baqueiro

“Que el principal sermón de tu vida lo predique tu conducta”. – C.H.Spurgeon.

 

La violencia que volvió a sacudir a Veracruz con el asesinato de al menos cuatro personas en Coatzacoalcos no puede analizarse como un hecho aislado. El sur del estado ha sido históricamente una zona estratégica, codiciada por su actividad portuaria, industrial y energética. Cada episodio violento tiene repercusiones que rebasan el parte policiaco: impacta la percepción, la confianza y, sobre todo, el ánimo colectivo.

Mientras tanto, en Xalapa, colectivos de víctimas han salido a las calles para denunciar presuntos actos de corrupción y un faltante cercano a los 25 millones de pesos. El señalamiento apunta hacia la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención Integral a Víctimas, cuya titular, Namiko Matzumoto Benítez, ha rechazado cualquier insinuación de desvío y sostiene que no existe intención alguna de “comerse” recursos que pertenecen a quienes más han sufrido la violencia. El reclamo social, sin embargo, ya está en el espacio público y alimenta la narrativa de crisis.

En este contexto, el asesinato en Coatzacoalcos y las protestas en Xalapa convergen en un mismo fenómeno: la construcción de una atmósfera de desestabilidad. Hay quienes observan en esta coincidencia una estrategia para sembrar la percepción de que Veracruz arde, justo cuando la gobernadora Rocío Nahle García impulsa una narrativa de reposicionamiento económico y turístico. “Veracruz de moda” no es solo un eslogan; es un intento por atraer capitales y detonar sectores productivos que durante años permanecieron estancados por la corrupción y la inseguridad.

La aparente pasividad del secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, añade un elemento de especulación. En política, el silencio también comunica. Algunos lo leen como prudencia estratégica; otros, como ausencia de control. Lo cierto es que la percepción pública no se construye únicamente con resultados, sino con presencia y narrativa.

 

A esta ecuación se suman los “mercachifles egolatras” de la desinformación, que magnifican cada hecho para alimentar la idea de un estado sumido en el caos.

La sociedad, no obstante, ya no consume versiones únicas con la misma facilidad. Observa, compara, anota. Y entiende que detrás de cada crisis también hay intereses políticos. Grupos opositores que añoran los tiempos en que el saqueo era norma y no excepción buscan capitalizar cualquier fisura.

El ejemplo de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) sigue fresco. Las acusaciones sobre el manejo de más de dos mil millones de pesos en un solo año, bajo la gestión que involucró a la hoy secretaria de Educación, Claudia Tello, son un recordatorio de que los pendientes no han desaparecido. La guadaña institucional —si llega— no distinguirá colores ni trayectorias.

Veracruz vive un momento bisagra. Entre la violencia real y la violencia amplificada, entre la protesta legítima y la especulación interesada, se juega algo más profundo: la confianza. Y en política, perderla puede ser más letal que cualquier bala.

Al tiempo.

astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

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