El consumo de drogas en niñas, niños y adolescentes en Sinaloa no puede entenderse solo como un problema de sustancias. Detrás de muchos casos hay un historial de violencia, abandono y abuso que anteceden, y en ocasiones detonan, el inicio en las adicciones.

La Comisión Estatal de Prevención, Tratamiento y Control de las Adicciones (CEPTCA) y la Unidad de Paidopsiquiatría del Hospital Psiquiátrico de Sinaloa, en operación desde abril de 2025, mantienen una coordinación permanente para la atención de menores que ingresan a centros de rehabilitación. Como parte de este compromiso, todo menor debe contar con una consulta de valoración especializada en el hospital, a cargo de un paidopsiquiatra.

De acuerdo con Martha Torres Reyes, titular de CEPTCA, esta articulación ha permitido identificar que el consumo de drogas en menores suele ir acompañado de problemas de salud mental y de un historial de violencia familiar, de depresión, ideación suicida, maltrato físico y abuso sexual son algunas de las problemáticas detectadas durante las valoraciones clínicas.

El objetivo, explicó, es atender de manera integral a una población altamente vulnerada. La mayoría de los menores que llegan a tratamientos residenciales, señaló, arrastran antecedentes de violencia intrafamiliar, abuso sexual, expulsión del hogar o negligencia, condiciones que en muchos casos marcaron el inicio del consumo desde edades tempranas.

“No son menores con una problemática exclusiva de drogas, son menores vulnerados mucho antes del consumo de las drogas, y que quizá ese fue un motivo del consumo de drogas”, afirmó.

Saúl Pérez Parra, director del Hospital Psiquiátrico de Sinaloa, detalló que los menores canalizados por CEPTCA reciben seguimiento médico conforme a la valoración de cada caso. Las consultas, dijo, se programan a los 15 días, al mes o en el plazo que determine el médico tratante.

En promedio, el hospital atiende alrededor de ocho pacientes mensuales de Centros de Rehabilitación enviados para la evaluación psiquiátrica de niñas, niños y adolescentes que permanecen internados en centros de rehabilitación.

Ejemplificó el caso de un niño de seis años de edad, quien fue canalizado para valoración tras presentar consumo de marihuana. Explicó que, por la edad, es evidente que el menor no tenía conciencia de lo que hacía y que el acceso a la sustancia necesariamente provino de su entorno cercano, ya fueran amigos, familiares o incluso los padres.

Detalló que el promedio de atención en el hospital se concentra en menores de entre 8 y 14 años, aunque también se han atendido casos de niñas y niños de 12 y 13 años con diagnósticos severos. A partir de los 15 o 16 años, explicó, los adolescentes con problemas de adicción ya no suelen permanecer o acudir a los centros de rehabilitación.

Comentó que la principal droga identificada entre los menores es la marihuana y, en grados menores, algunas otras como la anfetamina. Trabajadores de la Unidad de Paidopsiquiatría también identificaron al vapeador y su derivado de la nicotina como otra de las sustancias de mayor consumo entre menores.

“Aquí ha habido niños que te impacta el diagnóstico que tienen y lo que hacen. Hemos tenido niños gatilleros que han venido a valoración, no a internación, con secuelas ya no de pura marihuana, sino que traen otro tipo de drogas llámese cocaína, anfetamina”, relató.

El director firmó que la mayor parte de los casos de niñas y niños atendidos en el Hospital Psiquiátrico de Sinaloa existe algún tipo de trastorno o conflicto previo que incide directamente en el consumo de drogas; los problemas suelen estar relacionados con el entorno familiar, escolar o social, y que son factores determinantes que llevan a los menores no solo a iniciar el consumo de sustancias, sino a mantenerlo.

Pérez Parra señaló que la atención a las adicciones en menores es ya que no tienen plena conciencia de las consecuencias del consumo, el cual suele iniciar como un juego o reto. En contraste, el adulto sabe los daños que puede provocar y aun así consume.

Explicó que, aunque los menores pueden mostrar conductas agresivas, estas no suelen ser tan graves como en adultos, quienes pueden ejercer violencia severa con armas. Por ello, enfatizó la importancia de la intervención temprana para lograr su recuperación e integración social.

Menores, prioridad en la asignación de becas

Torres Reyes destacó que los menores de edad representan una prioridad en la asignación de becas residenciales, especialmente cuando el consumo de drogas está relacionado con entornos familiares violentos.

Las canalizaciones se realizan de manera interinstitucional a través de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, el Sistema DIF, y otras dependencias, que solicitan el apoyo cuando se determina que el menor no puede ser atendido de forma ambulatoria.

En estos casos, el internamiento no siempre se limita a tres meses. Si tras la evaluación se detecta que el menor no cuenta con un entorno familiar seguro para su reintegración, el apoyo puede extenderse.

La titular de CEPTCA explicó que, a diferencia de los menores, en el caso de los adultos existen criterios más restrictivos para la asignación de becas de tratamiento, especialmente cuando se trata de personas con largos historiales de reingresos.

Señaló que, por razones de salud pública y ante la limitación de recursos, se prioriza el apoyo a niñas, niños y adolescentes, ya que no resulta viable destinar una beca a adultos de 45 o 50 años con 20 o 25 ingresos previos cuando, al mismo tiempo, se recibe la solicitud de una madre que busca atención para su hijo de 12 o 13 años, por lo que el criterio institucional es favorecer la atención oportuna de los menores.

El presupuesto estatal destinado a becas para tratamiento de adicciones ha ido en aumento, dijo: en 2023 se destinaron 4 millones de pesos; en 2024, 4.5 millones, y en 2025 se ejercen 5 millones de pesos.

Artículo publicado el 11 de enero de 2026 en la edición 1198 del semanario Ríodoce.

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