• Dos Bocas es un peligro ecológico, de alto riesgo financiero y de tragedia

Miguel A. Rocha Valencia

 

El derrame petrolero causante de la doble tragedia originada en Dos Bocas, en Paraíso, Tabasco, sigue extendiéndose y con él sus efectos negativos a lo largo de toda la costa de Veracruz y parte de Tamaulipas.

Este derrame o contaminación “mínima” como la califica la señora Rocío Nhale, dicen oficialmente que es culpa de un barco privado que tiene negocios con Pemex desde tiempos de Enrique Peña Nieto, como si eso exonerara a la actual administración de verificar los buques que operan en el Golfo y sobre todo a aquéllos que se afirma, trafican con combustible “ilícito”.

Ese hecho sería el causante de que a la fecha no se conozca el nombre del barco ni la bandera bajo la cual navega y el tema seguirá dando de qué hablar hasta que definitivamente se conozca al culpable de tal contaminación, que seguramente será un sujeto llamado… ¡Felipe Calderón!

Porque como ya sabemos, el automático en la 4T es no reconocer culpas de nada aunque haya pruebas incluso respaldadas por estudios de especialistas que en su momento dijeron que el peor lugar para colocar una refinería era precisamente Dos Bocas, pero como se trataba de un capricho presidencial al que ninguna empresa privada le quiso entrar, la señora Nhale consiguió quien la hiciera y todo quedó bajo la férula de la secretaría de Energía.

El costo ecológico y financiero no importó como tampoco la improductividad y riesgos de la obra que dicen procesa cerca de 300 mil barriles diarios de crudo pesado, aunque su capacidad es de 340 mil barriles.

Ese nivel de refinación pocos lo creemos pues seguimos importando cerca de 450 mil barriles de 160 litros cada uno, por día, lo cual se explica poque en México se generan cerca de 360 mil barriles diariamente y no precisamente en Dos Bocas, sino principalmente en las plantas de Tula, Salina Cruz, Salamanca donde las reconversiones quedaron pendientes ya que la Olmeca se “comió” el presupuesto de al menos tres años con sus más de 20 mil millones de dólares en costos.

Pero además no se olvide que en su momento, expertos del Instituto Mexicano para la Competitividad, (IMCO) y la misma Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) cuestionaron la viabilidad financiera de la planta, en tanto que grupos de ambientalistas y doctores en la materia advirtieron que alzar ahí la fábrica petrolera no sólo sería un atentado contrala naturaleza sino también era peligroso.

También la calificadora Moody´s consideró inviable el proyecto, tanto que ni un solo inversionista o constructor privado se atrevió a asumir el compromiso y la obra se realizó con dinero fiscal, es decir, del presupuesto como ocurrió con el AIFA y los trenes Maya e interoceánico que ya demostraron que son un fracaso como empresas.

Como punto común esas grandes obras, es que se realizaron bajo el simplismo de quien una vez comentó que “qué tan difícil sería sacar petróleo, si solo era cuestión de hacer un hoyo en el suelo”. No se realizaron previamente ni un proyecto ejecutivo para calcular bien tiempos, riesgos y costos lo cual provocó que los presupuestos se triplicaran.

Y como se aplicó el “yo mando” y se hace”, de nada sirvieron las advertencias de riesgo, se dijo que la refinería en Dos Bocas, Paraíso, tendría altos riesgos de inversión por sobrecostos, retrasos y presionaría las finanzas de Pemex y el gobierno federal.

Respecto a la ubicación y diseño, los expertos señalaron que la ubicación en una zona costera, baja y propensa a inundaciones exigía estándares de ingeniería muy altos, y cuestionaron el diseño y la gestión operativa. La falta de análisis sobre costo-beneficio, impacto social y ambiental, fueron otros factores.

Ambientalistas condenaron la destrucción de manglares y advirtieron sobre inundaciones y posibilidad de ecocidios por derrames. No se dijo que ello traería tragedias como la muerte de los cuatro trabajadores por incendio y explosión dentro o fuera de la barda perimetral.

Todo eso se supo y no importó y ahora se esfuerzan en disculparlo, justificarlo y hasta culpar a otros de lo que sucede. Dos Bocas seguirá siendo un problema o requerirá inversiones mayores que no van a justificar su presencia y operación en la zona con una capacidad máxima para procesar 360 mil barriles de crudo pesado.

El capricho, el error, la tragedia tienen nombre y apellido y no son Peña ni Calderón.

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