• Libraco nos distrae mientras, por demagogia, la economía va al barranco

Miguel A. Rocha Valencia

 

Presumen los cuatroteros que no pasa nada si se aumentan los salarios “para recuperar el poder adquisitivo” por arriba de los índices inflacionarios y que nada va a pasar si se impone una semana laboral de 40 horas sin atender temas de productividad.

También dicen que regalar dinero masivamente, por cerca de billón y medio de pesos, no le hace daño a la economía y que vivir de prestado es “rete más fácil”, aunque hayan prometido que no se iban a endeudar para no acrecentar la “herencia maldita” del neoliberalismo, principalmente de Peña y Calderón, quienes, junto con Carlos Salinas, son los villanos favoritos en el discurso mentiroso de los revolucionarios trasnochados.

Y porque no se cae estrepitosamente la economía y se mantiene con alfileres una inflación que cada vez se generaliza más y provoca que, a pesar de los aumentos salariales, crezca el número de pobres laborales hasta 10 millones de trabajadores formales, afirman que su método de incrementar sueldos mínimos es una varita mágica de justicia social.

Pero la verdad, y eso es parte fundamental del ABC de cualquier economía, incluso la pintada de rojo o zurda, es que poco a poco vamos cayendo en un barranco de fondo desconocido por la ficción, ya casi insostenible, de políticas públicas agotadas que, si no se detienen, nos llevarán a la ruina.

Y eso lo saben en la actual administración pública, donde hay una gran cantidad de economistas, aunque bateen del lado “contrario”, o sea, de izquierda.

Conocen las condiciones del país, más allá de sus altos niveles de corrupción, violencia e impunidad, donde los empresarios, a través de sus cúpulas, hacen advertencias, pero no se les escucha; lo mismo sucede con las recetas que llegan de organismos y empresas internacionales.

Todos coinciden en los temas de alta corrupción e impunidad, violencia y criminalidad; lo riesgoso de déficits públicos tan altos y el consecuente abultamiento de la deuda; del marco legal que ya no es confiable; de que México es el país con menor nivel de productividad de la OCDE, así como en transparencia. Pero desde las mañaneras nos dicen que nada de eso es cierto y que, a la arenga de “Mexicanos al Grito de Guerra”, todo está muy bien. Y lo que no, es culpa del pasado, de esos rufianes que crearon instituciones y nos llevaron a ser una potencia económica y política mundial.

Esas voces que no hablan en Palacio Nacional, pero que fuera de sus muros hacen severas advertencias, como la de Octavio de la Torre Estéfano, líder de la Concanaco, o la de José Medina Mora Icaza, presidente del Consejo Coordinador Empresarial.

Uno advierte que la nueva ocurrencia presidencial, secundada por los lacayos que cobran como legisladores, de disminuir por decreto la jornada laboral a 40 horas sin tomar en cuenta factores tan importantes como la productividad, “podría” tener consecuencias negativas para la economía real, especialmente en las pequeñas y medianas empresas, que son el corazón laboral de México, ya que aportan el 70 por ciento de la ocupación formal e informal.

Las van a reventar porque, sin productividad en una economía real, deberán contratar empleados para cubrir turnos y cumplir metas de producción o venta, a lo cual se suma el demagógico (por su falta de fundamento económico) aumento a salarios, en momentos en que para las PYMES y las grandes empresas los gastos aumentan vía impuestos diversos, incluyendo IEPS y los pagos derivados de la nómina, como cotizaciones al IMSS, Infonavit y “otros”.

Porque no hay duda: aumentaron, incluyendo el dos por ciento por nómina que, en pesos, incrementa los costos de producción.

Todo eso contribuye a la carestía y a la incapacidad de las empresas de superar crisis porque no suben su productividad ni ventas en un mercado deprimido, en una economía que no crece. Por eso, Estéfano propone que el gobierno absorba el IVA y el ISR, cuotas patronales, el pago al IMSS y al Infonavit, para poder pagar horas extra después de la hora 41 de labor. De otra manera, advierte, “se va a enfriar el empleo”.

Todo eso es factor del creciente aumento en la informalidad empresarial y laboral, como lo “explican” los números del Inegi, que ya perdió decenas de miles de negocios y coloca a la población económicamente activa en un 55 por ciento de informalidad. Esa es la economía real.

Paralelamente, el CCE advierte que seguirán con atención las resoluciones del nuevo Poder Judicial; al actual no le tienen confianza y, mientras eso ocurra, no van a invertir, y menos ahora que deben pagar más por producir.

Tal vez por ello es que la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, que realiza mensualmente el INEGI, reportó a mayo pasado tres millones 387 mil empleadores, es decir, patrones, lo cual significa que hay dos millones 346 mil que no tienen registro ante el IMSS, ya que la institución reportó, al 4 de julio de 2025, un millón 41 mil 636 empleadores, y eso ya con la pérdida de más de 47 mil de ellos.

Aunque digan que nada pasa, la economía sí se desmorona y, como advierte el CCE, no van a meter dinero hasta no ver los efectos de las reformas y el comportamiento de la administración pública en la economía real, no demagógica.

Mientras, sigámonos distrayendo con un libraco que no dice nada, enaltece al autor de todo este desmadre y “revela” la pudrición e impunidad que ya sabíamos existe en la 4T.

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