Yo Campesino / Reforma ¿democrática?
- Al agandalle se le dicen mandato popular en reforma impuesta desde el poder
Miguel A. Rocha Valencia
En estos días Morena aplica su conocido método de la amenaza y el chantaje ara domesticar a sus rémoras y cómplices con la intención de completar la mayoría legislativa calificada que apruebe la reforma electoral con la cual, en el corto plazo, el oficialismo podrá desechar por no necesitar a verdes y rojos, quitarles las migajas de poder que hasta hoy se ha visto obligado a concederles.
Quien esto escribe o sea yo, sostiene que la reforma es tan burda y oficialista que parece tener la intención de no prosperar por el interés fundado de ya no poner más piedras a la inversión privada que tanto necesita el régimen para generar crecimiento y desarrollo.
O sea que, ante los reclamos de los dueños del dinero agrupados en la Coparmex, y el Consejo Coordinador Empresarial, en palacio Nacional no recibirían con enojo el que no se aprobara esta reforma que está inscrita en el testamento político del profeta de la 4T y de la cual no puede declararse en contra (abiertamente) la actual administración y para que no “pase” se aprovecha de sus comparsas políticos.
De pasar la Ley sin quitarle puntos ni comas como lo manda el profeta, ya lo dijeron los empresarios nacionales que nomás no sacan los 300 mil millones de dólares que dijeron invertirían.
Y todo, por la incertidumbre generada por los cambios legales impuestos desde una mayoría legislativa, especialmente la reforma Judicial-Amparo, desaparición de organismos autónomos como las comisiones de energía, telecomunicaciones y competencia, y sellarían con la electoral.
Por ello, para el oficialismo lo ideal sería que no se aprobara porque en voz de los empresarios, México viviría un retroceso democrático y comprometería la legitimidad de los poderes de la Unión, empezado por el Legislativo y posteriormente el propio Ejecutivo. El Judicial ya está catalogado como de acordeón y afín al gobierno.
De hecho, si se aprobara la reforma hoy a discusión en el oficialismo, no sería por un mandato popular, ya que esta no sale del Legislativo o de alguna iniciativa de la sociedad civil, sino que llega como una imposición del Ejecutivo donde como lo sentenció el dizque comisionado-rábano Pablo Gómez, no se aceptan cambios lleguen de donde lleguen.
Incluso eso deja en claro que ni la opinión de la sociedad civil ni de los legisladores es tomada en cuenta, va sin ajustes y con la amenaza directa a las rémoras del verde y PT en el sentido de que van a pagar su negativa, si esta se cristaliza y no pasa la propuesta al estilo del prócer cuatrotero, sin cambios.
Quienes saben apuntan que, aunque se diga que la reforma es una demanda del pueblo, mienten porque llega directa del Ejecutivo y cuando afirman que es para bajar gastos, sería mejor que los disminuyeran en las obras que de nada sirven y cuestan mucho, como el Tren Maya que lleva pérdidas por más de seis mil millones de pesos o un aeropuerto y línea aérea que no despegan y si cuestan al erario.
Ni hablar de otros temas que son pozos sin fondo y que como en el caso de Pemex y CFE, se llevan más de 100 mil millones de pesos sólo para cubrir las jugosas pensiones de “unos cuantos”.
Pero al igual que la cancelación del NAIM, los costos futuros de la reforma electoral se van a calibrar a partir de la pérdida de inversiones especialmente nacionales, aunque se intente cubrirlas o sustituirlas con reinversiones extranjeras y colocación de deuda con los llamados “capitales golondrinos” que, a la primera baja de tasas de interés, dejarán la economía nacional. México perderá su atractivo.
Hay señales ominosas por la incertidumbre del marco legal y clamor del sector empresarial, ojalá se actúe en bien de México y no de una secta que sólo busca el poder por el poder sin importar los efectos que puedan tener para el país ya golpeado por las crisis y donde se asoma el autoritarismo a rajatabla.
No lo decimos en este espacio sino quienes tienen el dinero para invertir y con ello, la posibilidad de que México crezca genere empleo y no más dependientes de un dinero que desestimula el emprendimiento, la iniciativa y que, de acuerdo con la Concanaco, inhibe a muchos a buscar empleo.

