Zócalo de la CdMx: Nada gratis
Joel Hernández Santiago
Ya desde el año 100 dC, el poeta romano Décimo Junio Juvenal acuñó la frase “panem et circenses” que es “pan y circo”. Lo dijo para explicar que si un gobierno quiere tener quieta a la población habrá de darle ambos elementos y así tenerlos calladitos, que se ven más bonitos, según ese criterio.
Esto ha sido una regla de acción política a lo largo de los siglos en el mundo occidental, incluido, por supuesto México, en donde esta regla se ha asentado, sobre todo cuando el gobierno se siente inseguro en la aceptación ciudadana, o se avecina o se presagian o se quieren evitar conflictos sociales derivados de políticas públicas impopulares. “Mejor llevar la fiesta en paz”, dicen.
Aunque también es cierto que en eso de “pan y circo”, en México no siempre se cumple con la dotación de pan, porque los procesos inflacionarios anulan los incrementos salariales que de tiempo en tiempo se presumen. Pero eso sí, mucha música, mucha alegría, mucho entusiasmo sutilmente derramados aunque escondan su intención principal: la propaganda política.
“Nuestro gobierno piensa en la felicidad de su gente” afirman los gobiernos de la capital del país, sobre todo desde el gobierno en la capital de Claudia Sheinbaum y hoy con Clara Brugada. Es una frase que implica que se es feliz sólo con música, espectáculos y concentraciones masivas de regocijo; nada de reclamos, nada de críticas, sí fiesta y sí canto y baile. Distractores, pues.
Pero sí se vale el regocijo. Es parte de la naturaleza humana. No tiene por qué no ser. A todos –o casi todos- nos gusta la fiesta, la alegría, la música, la convivencia, el regocijo… Y todo tiene un costo económico y político, en tanto distractor de los grandes problemas nacionales.
Desde el anterior gobierno de la capital del país, como el actual, se ha insistido en que se llevan a cabo eventos musicales gratuitos en el Zócalo capitalino. Y se insiste lo de gratuitos para dar a entender que es una dádiva graciosa del gobierno a los habitantes y que hay que agradecerlos.
Al acudir al Zócalo de la Ciudad de México a estos eventos musicales no se paga el acceso, tan sólo llegar y ser parte del deleite festivo. Y se convoca a la ciudadanía a asistir, aunque predominan los espectáculos dirigidos a los jóvenes, con grupos de jóvenes con música joven: ¡bien! Cooptar la anuencia y el voto juvenil son las consignas.
Si. Pero no. Resulta que cuando se dice que el espectáculo es gratuito no es así. En general a los artistas y a los grupos se les paga “el show”. Se les paga bien pagados. Y se pagan los gastos adicionales que conlleva este tipo de eventos masivos y por lo mismo que requieren cuidados y atención y seguridad intensos y costosos.
Y ese dinero que se les paga a los artistas proviene de los recursos públicos. De las arcas capitalinas en este caso; de la Hacienda de los mexicanos que viven en la capital del país y que pagan impuestos y mucho trabajo. Esto es, con lo recaudado por el trabajo de los mexicanos al grito de reguetón.
Hoy se anuncia con fanfarrias la presentación el 1 de marzo de la cantante venezolana Shakira. Será gratuito y, al parecer, en este caso, será una marca cervecera la que se encargue de la contratación y acaso los recursos de pago. Sin embargo el gobierno capitalino también aporta costos y gastos de distinta índole provenientes del recurso público.
Así que la mayoría de los eventos dejan de ser gratuitos y a los artistas se les hacen jugosos pagos con –lo dicho-: dinero público.
Se sabe que entre 2019 y 2024 se gastaron más de $208 millones de pesos, según reportes del período. Esto financiados por la Secretaría de Cultura local. Y aunque son libres para el público, también implican altos costos de producción, logística y honorarios. La derrama económica los días de los eventos es mínima en relación con el gasto y el costo.
Por ejemplo, aquí algunos casos en los que se estiman pagos por honorarios y producción:
Rubén Blades, a finales de 2023 costó y se gastaron 24 millones de pesos; “Los tigres del norte” en 2022, 23 millones de pesos; “Grupo Frontera” (2023) 22.4 millones; “Interpol” (2024) 22 millones de pesos; “Maldita Vecindad” 17.7 millones de pesos; Julieta Venegas (2024) 14 millones de pesos; Rosalía –la cantante española- no cobró; “Los Fabulosos Cadillacs” (2023) 4.3 millones de pesos; “Grupo Firme” (2022) 2.5 millones de pesos (reportado como costo operativo. Dicen haber donado el show.)
Ya en 2025 otros casos: En enero de 2025, Fito Páez recibió 8.8 millones de pesos, con gastos operativos cercanos a 20 millones; el 10 de mayo de 2025, Lupita D’Alessio obtuvo 5.2 millones de pesos, con 3.7 millones en gastos y costos; en septiembre de ese año por “Residente” y Fermín Muguruza se pagaron 22.2 millones de pesos bajo un contrato de organización integral. De este monto, 8.2 millones correspondieron a “Residente” y 1.6 millones a Muguruza; el resto se destinó a la logística, como escenario, iluminación y ambulancias.
Los pagos no solo incluyen al artista, sino una compleja estructura operativa: Escenario e Iluminación; montaje técnico especializado; seguridad; vallas; personal de protección civil y ambulancias; servicios; conexión a internet, alimentos para el staff y equipo técnico.
Está bien que la gente se divierta. ¡Requetebien! Aunque de hecho paga de forma indirecta por cada evento, por cada artista. Y mucho. Pero también el solaz y la cultura son un factor de convivencia, de diversión y relajamiento.
Nos cuesta mucho contar con estos eventos. Y está bien que los haya. Pero que no nos digan que son gratuitos. Así que a disfrutarlos, porque para eso trabajamos. Pero también asumamos nuestras responsabilidades políticas y democráticas. Nada de “panem et circenses” como política pública.

