Con posgrado y sin estabilidad: maestros y doctores en Sinaloa sobreviven sin plaza laboral
Estudiar una maestría o un doctorado no garantiza conseguir una plaza, estabilidad laboral ni trabajar en el área para la que una persona se preparó durante años.
Dheyna Brito / El Sol de Sinaloa
Culiacán, Sin.- Daniela Cárdenas estudió ingeniería industrial y después una maestría relacionada con procesos productivos e innovación. Al terminar el posgrado pensó que podría integrarse a proyectos de investigación aplicada, desarrollo tecnológico o mejora de procesos en alguna institución educativa o empresa local. No ocurrió así.
Sin una plaza estable, comenzó a dar clases por horas en una universidad. Lo demás lo completa con trabajos técnicos por proyecto, asesorías externas y capacitaciones para pequeñas empresas. Su ingreso cambia cada semestre: depende de cuántos grupos le asignen, si algún contrato se renueva o si logra conseguir otro trabajo temporal.
“Uno cree que estudiar más te va a dar más seguridad, pero terminas esperando cada semestre a ver si te vuelven a llamar”, relata.
Su caso refleja una realidad que enfrentan personas con posgrado en Sinaloa: estudiar una maestría o un doctorado no siempre garantiza un empleo estable ni una ocupación dentro del área para la que se prepararon durante años. La vida laboral puede sostenerse con varias fuentes de ingreso, algunas dentro de la academia y otras completamente ajenas a la investigación.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, Sinaloa cuenta con 3 millones 26 mil 943 habitantes y 61 de cada 100 personas de 12 años y más forman parte de la población económicamente activa. Sin embargo, estar altamente preparado no asegura una plaza, prestaciones o certeza laboral dentro de las instituciones de educación superior.
En el estado hay presencia importante de investigadores reconocidos. La Universidad Autónoma de Sinaloa reportó 720 integrantes en el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, mientras que la Universidad Autónoma de Occidente aparece como la segunda institución sinaloense con mayor presencia en ese sistema, con 105 investigadores.
Aun así, el reconocimiento académico no siempre se traduce en estabilidad para quienes buscan vivir de la docencia y la investigación.
Sin plaza de tiempo completo
Miguel Ángel Ríos, psicólogo de 38 años, cursó un doctorado enfocado en salud mental y comportamiento social. Durante cuatro años investigó, escribió, participó en congresos y publicó. Al terminar, la pregunta no fue únicamente dónde continuar su línea de investigación, sino cómo sostenerse económicamente.

La formación especializada no siempre se traduce en certeza laboral para quienes buscan vivir de la docencia y la investigación / Foto: Cortesía / UAS
En Sinaloa no consiguió una plaza de tiempo completo. Actualmente combina consulta privada, asesorías de tesis, participación en proyectos académicos temporales y algunas materias por asignatura. Hay meses con más pacientes o más carga académica; otros, con menos ingresos y más ajustes en los gastos personales.
“El doctorado no se acaba cuando te titulas; después viene otra presión, que es demostrar todo el tiempo que sigues produciendo, aunque no tengas estabilidad”, señala.
Para quienes buscan mantenerse vigentes en la academia, el trabajo no termina con dar clases o conseguir un contrato temporal. También deben publicar, asistir a congresos, participar en convocatorias, dirigir tesis y sostener una trayectoria que les permita aspirar a estímulos o apoyos.
Gerardo Avendaño, investigador en el Centro de Estudios de la Criminalidad y la Violencia y becario Conahcyt en la UAS, explica que una de las principales incertidumbres para quienes concluyen un doctorado es qué harán después, sobre todo cuando no existen suficientes plazas de tiempo completo.
“La mayor incertidumbre de alguien que termina un doctorado muchas veces es saber qué va a hacer después de terminar el doctorado”, señala.
Avendaño explica que muchas personas que terminan un posgrado sobreviven con horas, asignaturas, becas, estímulos o empleos alternos. En algunos casos, dice, las contrataciones son por honorarios, lo que implica trabajar sin seguridad social, Infonavit ni otras prestaciones.
“Con honorarios me refiero a que no tienes seguridad social, no tienes ningún tipo de beneficio, ni siquiera Infonavit. Básicamente te pagan tu sueldo”, explica.
Conocimiento especializado sin estabilidad
Roberto Leyva, biólogo de 41 años, estudió un doctorado relacionado con conservación, biodiversidad y ecosistemas costeros. Vive en Mazatlán y ha trabajado en proyectos de monitoreo ambiental, especies marinas y estudios de impacto ecológico en Sinaloa.
Su formación está ligada a problemas concretos del estado: manglares, bahías, pesca, presión urbana sobre zonas costeras y conservación de ecosistemas. Sin embargo, no ha logrado una plaza estable para dedicarse únicamente a la investigación.

Investigadores advierten que la falta de estabilidad limita la producción de conocimiento aplicado en áreas clave para el estado / Foto: Cortesía / UAS
Para continuar en su área, participa en consultorías ambientales, trabajo de campo por proyecto y acompañamiento a estudiantes. En varias ocasiones ha tenido que pagar de su propio bolsillo traslados, materiales o equipo básico para continuar con actividades académicas y de investigación.
“Uno estudia para investigar el territorio donde vive, pero muchas veces termina buscando cualquier trabajo que permita seguir en la academia sin dejar de pagar lo básico”, dice.
El caso de Roberto muestra otra parte del problema: cuando una persona con posgrado no encuentra condiciones para trabajar en su especialidad, el estado también pierde conocimiento aplicado sobre su propio territorio.
En Sinaloa, donde se requieren diagnósticos sobre medio ambiente, salud mental, seguridad, educación, desarrollo productivo y desigualdad, la falta de estabilidad para perfiles especializados limita la posibilidad de sostener investigaciones de largo plazo.

Profesionistas con maestría o doctorado combinan clases, asesorías y proyectos temporales para sostenerse económicamente / Foto: Cortesía / UAS
Avendaño sostiene que investigar implica mucho más que escribir artículos. Requiere lectura, búsqueda de fuentes, trabajo de campo, entrevistas, encuestas, análisis, revisión y tiempo para convertir todo eso en conocimiento publicable. El problema es que muchas personas intentan hacerlo mientras dividen sus días entre clases, asesorías, proyectos temporales y otros trabajos.
“Hacer investigación no es solamente decir: voy a ponerme a escribir. Lleva tiempo, porque tienes que leer, buscar fuentes y hacer una investigación”, afirma.
Para el investigador, el punto no es que una persona con maestría o doctorado aspire a enriquecerse, sino que pueda vivir con condiciones mínimas: ingreso suficiente, seguridad social, prestaciones y estabilidad.
“Nadie estudia un doctorado para hacerse rico, claro que no; pero al menos para tener una vida digna”, expresa.
La precariedad también alcanza a las nuevas generaciones. Si quienes investigan son, en muchos casos, quienes forman a futuros profesionistas, la falta de tiempo, recursos y estabilidad termina impactando en la calidad de la enseñanza, el acompañamiento académico y la producción de conocimiento.
Cuando una persona con maestría o doctorado abandona la academia, migra, acepta trabajos fuera de su área o deja de investigar para poder pagar lo básico, Sinaloa pierde experiencia acumulada, investigación aplicada y capacidad para formar nuevos perfiles especializados.
La pregunta para muchas personas con posgrado en el estado ya no es sólo si estudiar más garantiza empleo. La pregunta es cómo sobrevivir después de cumplir con estudios, publicaciones, congresos y experiencia, cuando el mercado laboral no ofrece estabilidad.
Con información de El Sol de Sinaloa

