José Luis Parra

 

La juventud ya tiene llave… pero la puerta sigue siendo la política.

En Nuevo León acaban de bajar la edad mínima para competir por la gubernatura de 30 a 28 años y para alcaldías y diputaciones locales de 21 a 18. La reforma se vende como una conquista generacional. Suena bien. Nadie puede estar en contra de abrir espacios a los jóvenes. El problema es que, en política, las coincidencias casi nunca existen.

Detrás del discurso de inclusión aparece el verdadero tablero.

La reforma, impulsada originalmente por Movimiento Ciudadano y respaldada después por PRI y PAN, terminó beneficiando al PT, que ya encontró candidato potencial en el diputado Jesús Elizondo. Paradójicamente, una iniciativa que la 4T no veía con entusiasmo terminó siendo aprobada por sus votos. Los cálculos electorales siempre pesan más que las convicciones.

La política mexicana tiene esa extraña habilidad de convertir una reforma constitucional en una negociación de candidaturas.

El mensaje es evidente: el PT ya tiene con qué sentarse a la mesa y elevar el precio de una eventual alianza con Morena. No se trata solamente de Nuevo León. La apuesta va mucho más allá. Zacatecas aparece en el radar. Baja California Sur también. La moneda de cambio ya no son únicamente votos; ahora también son candidaturas.

Y el PT sabe perfectamente cuánto vale.

Treinta o cuarenta mil votos pueden parecer pocos en una elección cualquiera. En una elección cerrada representan la diferencia entre ganar y pasar seis años lamentando el resultado. Por eso nadie desprecia un aliado… hasta que ese aliado descubre cuánto cuesta su respaldo.

Mientras tanto, las diferencias internas siguen creciendo.

Tatiana Clouthier busca reconstruir puentes con Alberto Anaya, pero hasta ahora sólo ha encontrado puertas cerradas. Del otro lado, Samuel García observa un escenario que tampoco le resulta incómodo. En política, cuando los adversarios se dividen, siempre hay alguien que sonríe en silencio.

La juventud, al final, terminó siendo el argumento perfecto.

Pero no nos engañemos. Esta reforma no nació para rejuvenecer la democracia. Nació para rejuvenecer las posibilidades de negociación de un partido que entendió que, en tiempos de alianzas frágiles, el verdadero poder no siempre está en ganar elecciones, sino en decidir con quién se ganan.

Porque en política la edad puede disminuir.

La ambición, nunca.

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