Seguridad Sicológica
Eleazar Bazua
LA CONFIANZA TAMBIÉN SE EXAMINA
Análisis de Coyuntura
Miles de jóvenes se prepararon durante meses para competir por un lugar en la UNAM.
Para muchos, el examen de ingreso no era solamente una prueba académica: era una puerta
concreta hacia una carrera, una ciudad distinta, un proyecto de vida.
Este año, sin embargo, la discusión dejó de concentrarse únicamente en quién obtuvo los
mejores resultados.
La propia Universidad decidió revisar una parte importante del proceso después de detectar
irregularidades y de que una revisión técnica identificara elementos que justificaron
comprobar nuevamente una parte de los resultados obtenidos en línea.
La respuesta institucional ha incluido revisión técnica, repetición presencial de una parte
del examen, modificación del calendario y auditorías sobre el procedimiento y la
plataforma utilizada.
Eso merece atención.
Pero no resuelve todavía el problema completo.
La controversia no consiste solamente en determinar quién pudo haber obtenido una ventaja
indebida. También obliga a preguntar qué necesita demostrar una institución cuando la
confianza en uno de sus procedimientos comienza a deteriorarse.
En un proceso competitivo, la legitimidad depende de algo más que publicar resultados.
Quien obtiene un lugar necesita confiar en que lo obtuvo bajo reglas válidas. Quien queda
fuera necesita poder creer que perdió frente a personas que compitieron en condiciones
razonablemente equivalentes.
Cuando esa certeza disminuye, el problema deja de ser solamente técnico.
Se vuelve institucional.
La UNAM ha hecho algo importante: revisar una decisión propia.
Una institución seria no debería defender un procedimiento únicamente porque ya lo puso
en marcha. Cuando aparecen elementos suficientes para cuestionarlo, corregir puede ser
una señal de fortaleza. Pero rectificar no basta si la corrección no permite explicar qué ocurrió. Repetir el examen
puede ayudar a determinar quién obtiene finalmente un lugar, pero no esclarece por sí solo
qué sucedió en el proceso original.
Y esa explicación será indispensable.
Si hubo aspirantes que vulneraron las reglas, corresponde identificar las conductas y aplicar
las consecuencias previstas. Pero si existieron fallas en el diseño tecnológico, en la
supervisión, en los controles o en la operación del sistema, también deberán conocerse.
Ambas responsabilidades pueden coexistir.
Existe además un problema humano difícil de ignorar.
Muchos jóvenes que probablemente actuaron correctamente tendrán que volver a presentar
una evaluación no porque exista una acusación individual contra ellos, sino porque
disminuyó la confianza en el procedimiento que debía validar sus resultados.
Ahí aparece uno de los costos más serios de cualquier deterioro institucional: cuando un
sistema pierde credibilidad, incluso quienes cumplieron las reglas pueden terminar pagando
parte del costo necesario para recuperarla.
Sería igualmente precipitado concluir que este episodio demuestra el fracaso definitivo de
los exámenes en línea. La tecnología puede ampliar el acceso, reducir desplazamientos y
facilitar procesos que antes requerían enormes operaciones presenciales.
Pero una innovación institucional no debe evaluarse solamente por aquello que facilita.
También debe demostrar que conserva aquello que está obligada a garantizar.
En un concurso de ingreso, la eficiencia importa. La accesibilidad importa. La tecnología
importa.
Pero antes que todo eso importa la confianza en que las reglas producen resultados
legítimos.
La verdadera respuesta de la UNAM no terminará con el nuevo examen.
Terminará cuando pueda explicar con claridad qué falló, qué no falló, qué
responsabilidades existieron y qué cambiará después de 2026.
Porque una institución no protege su prestigio pidiendo confianza, lo protege
ofreciendo razones suficientes para merecerla.
SEGURIDAD PSICOLÓGICA
Eleazar Bazú

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