Salir a marchar el domingo: por Sinaloa, por nosotros, y la paz que el gobierno no garantiza
Existen bastantes motivos para que los ciudadanos que le apostamos al regreso de la paz, por más que el estado de cosas presente tal anhelo como utópico, salgamos a expresarnos el domingo, y la principal razón es instalar y defender el modelo de Sinaloa que les dejaremos a las generaciones futuras en el cual la ley, la justicia y los derechos humanos fundamentales rijan los esfuerzos por construir buenos porvenires.
Salir a marchar significa ejercer las garantías constituciones que soportan las libertades de manifestación, expresión y autodeterminación en lo referente a la fuerza social que haga posible que el Estado mexicano transmute de dos años de violencia atroz en Sinaloa a la reparación de las plataformas sociales, económicas y política que resultan cruciales al prospectar estabilidad y confiabilidad.
Salir a marchar el 13 de septiembre, partiendo a las 8 horas de las escalinatas de La Lomita, presenta el respeto y la exigencia de justicia a las víctimas de 5 homicidios dolosos y 6 privaciones ilegales de la libertad que son el promedio diario del más cruel balance de la llamada narcoguerra, agregando los miles de vehículos despojados a través de armas de fuego, las centenas de empresas y emprendimientos atacados o cancelados, y las incuantificables familias desplazadas por el crimen de sus poblados originales.
Salir a marchar es el mensaje directo de los sinaloenses en rechazo a las políticas públicas que en vez de enfrentar la barbarie proceden a matizarla con estadísticas a modo, abandonan a las víctimas y sus deudos como si el gobierno no existiera y llenan de militares y policías las calles como blindajes que para la delincuencia son escudos de hule.
La convocatoria y la acción, si provienen de la sociedad civil, habilitan al ejército cívico capaz de derrotar los flagelos y alzarse como un Sinaloa crrecido en la adversidad y dispuesto a no permitir la repetición de los horrores presentes. Abandonar los refugios en que nos mete el miedo y salir a espolear el pavimento hasta que grite el unánime ¡ya basta! que reivindica la estatura de ciudadanos en defensa de lo que verdaderamente importa, y marca distancia del segmento de habitantes pasivos que soportan en silencio los agravios.
Con información de Espejo

