El Banco de Germoplasma resguarda, estudia y reproduce plantas amenazadas; su personal ha observado cambios en la floración, aunque todavía no documenta especies que hayan dejado de crecer en su hábitat natural.

Dheyna Brito

En el Banco de Germoplasma del Jardín Botánico Culiacán se conservan semillas de plantas que forman parte de la vegetación de Sinaloa. Algunas pertenecen a especies amenazadas. Guardarlas permite estudiar cómo reproducirlas, mientras fuera del jardín sus hábitats enfrentan la pérdida de vegetación y temperaturas cada vez más altas.

Elías Ménez López, técnico y ayudante del Banco de Germoplasma y Vivero Científico, explicó que el trabajo no consiste únicamente en almacenar semillas. El equipo las selecciona, registra de dónde provienen y realiza pruebas para obtener nuevas plantas. Mabeli González es la encargada del banco, que lleva el nombre del doctor Hermilo Quero Rico.

Uno de los ejemplos es el guayacán, una especie presente en Sinaloa. Elías señaló que su hábitat está amenazado principalmente por la expansión agrícola. En el jardín han trabajado en su reproducción para mantener ejemplares en las colecciones y contar con plantas que puedan utilizarse en otros espacios.

La preocupación también pasa por el calor. El técnico dijo que han observado plantas cuyas fechas de floración se adelantan respecto a lo esperado. Esa observación abre preguntas sobre cómo responderán las especies a los cambios de temperatura, aunque el banco todavía no cuenta, según Elías, con un caso documentado de una planta que haya dejado de crecer en su hábitat natural.

Un banco para volver a germinar

Antes de guardar las semillas, el personal procura recolectarlas de ejemplares sanos y de al menos dos individuos de la misma especie. Elías explicó que así evitan conservar material procedente de una sola planta.

En las etiquetas registran el nombre de la especie, la fecha de colecta y la localidad. Los lotes pasan por procesos de limpieza y resguardo que buscan prolongar el tiempo durante el cual pueden germinar. El técnico aclaró que cada especie tiene un ciclo distinto y que las semillas deben reemplazarse cuando pierden viabilidad.

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Las semillas son clasificadas y resguardadas bajo condiciones que buscan prolongar su viabilidad para futuras pruebas de germinación. / Foto: Iván Medina / El Sol de Sinaloa

La escala de ese trabajo puede verse en un proyecto concluido en 2024. Durante recorridos por las colecciones del Jardín Botánico y el Parque Ecológico se reunieron alrededor de 10 mil 660 semillas de 10 especies en riesgo. El equipo también obtuvo 208 plantas mediante pruebas de germinación de guayacán, palma barril y saiya. Esos resultados corresponden a un proyecto específico, no al inventario actual del banco.

“La importancia principal del banco es conservar, pero también generar protocolos”, dijo Elías. Estos procedimientos describen las condiciones y tratamientos utilizados para que otras personas puedan estudiar o reproducir las plantas.

Como ejemplo mencionó la palma talipot, que crece en el Jardín Botánico. Después de que uno de sus ejemplares floreció en 2024, el equipo recogió los frutos y probó distintos tratamientos con las semillas. La institución reportó una germinación del 73.6 por ciento y, en febrero de 2026, trabajaba en el trasplante de más de 500 plantas.

La talipot es originaria de India y Sri Lanka, por lo que no forma parte de la vegetación nativa de Sinaloa. Su reproducción muestra una de las tareas que realiza el banco; la conservación de especies presentes en el estado plantea además la necesidad de conocer y cuidar los lugares donde crecen.

Las plantas fuera del Botánico

El guayacán ofrece un ejemplo cercano. Un estudio publicado en 2022 registró esta especie en el Cerro de la Virgen, en Culiacán. Los investigadores encontraron 51 especies de plantas leñosas en el área estudiada. Cuatro figuraban en categorías de riesgo de la norma mexicana, entre ellas el guayacán, clasificado como amenazado.

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El Banco de Germoplasma trabaja con frutos y semillas para desarrollar protocolos que permitan reproducir distintas especies vegetales. / Foto: Iván Medina / El Sol de Sinaloa

La investigación identificó en ese cerro 914.83 hectáreas de bosque seco y vegetación secundaria, y propuso protegerlas. La cifra corresponde a la superficie estudiada: no representa terreno perdido ni indica cuántos guayacanes crecen actualmente ahí.

Elías explicó que conservar una especie también implica reconocer lo que representa para las personas que habitan la región.

“El perder dichas especies sería como perder parte de la identidad del estado de Sinaloa”, expresó.

El aumento de las temperaturas añade una pregunta al trabajo de conservación. Un estudio sobre calor extremo en Culiacán, elaborado con registros de dos estaciones meteorológicas, encontró que sus temperaturas máximas aumentaron alrededor de 1.1 grados entre 1989 y 2019.

Ese dato describe una tendencia de temperatura en el municipio, pero no mide su efecto sobre las semillas del banco. Elías relacionó el calor con las floraciones que ha visto adelantarse; para saber qué especies han cambiado sus ciclos y por qué, se necesitarían registros de cada una a lo largo del tiempo.

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Cada lote es revisado y documentado antes de su almacenamiento, como parte del trabajo de conservación que realiza el Jardín Botánico Culiacán. / Foto: Iván Medina / El Sol de Sinaloa

Por ahora, el banco conserva semillas, reproduce plantas y reúne información sobre cómo germinarlas. Su trabajo mantiene abierta la posibilidad de obtener nuevos ejemplares de especies amenazadas.

Para las plantas de Sinaloa, el siguiente desafío también está fuera de sus instalaciones: conservar los sitios donde esas nuevas generaciones puedan crecer.

 

Con información de El Sol de Sinaloa

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