Salud Pública en Perspectiva 
Octubre, el mes rosa
Dr. Víctor Ruiz
dr.victor.ruiz.ruelas@gmail.com
Cada octubre, el país se llena de listones rosas, edificios iluminados y campañas de concientización. Esa movilización es valiosa, pero el cáncer de mama no se detiene en meses posteriores. En México es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres: se diagnostican unas 30 000 nuevas cada año y fallecen entre 7 000 y 8 000, casi una por hora, según la Secretaría de Salud.
La tendencia es la que más debería ocuparnos. De acuerdo con el Segundo Informe de Gobierno, presentado el 1 de septiembre, el promedio anual de defunciones pasó de 4 903 entre 2007 y 2011 a 8 192 entre 2022 y 2026, y la tasa de mortalidad subió de 16.4 a 20.1 por cada 100 000 mujeres de 25 años o más. Las cifras de 2026 son aún preliminares, pero apuntan en una sola dirección.
Una parte de la explicación está en la detección. Según ese mismo informe, la cobertura de mastografía en mujeres de 40 a 59 años alcanzó su máximo en 2015, con 27.7%, y para 2026 cayó a 7%. Los estudios realizados pasaron de un promedio de 2.38 millones anuales entre 2014 y 2018 a 693 245 en 2026. Y detectar tarde cambia el desenlace: el Instituto Nacional de Cancerología señala que más de 60% de los casos se diagnostica en etapas avanzadas, mientras que en etapa I la supervivencia a cinco años supera 95%.
El gobierno federal ha respondido con una apuesta de peso. En octubre de 2025 presentó el Modelo de Atención Universal de Cáncer de Mama, con una inversión de 8 000 millones de pesos: 1000 mastógrafos y 1000 ultrasonidos nuevos entre 2026 y 2027, que se sumarían a los 656 equipos que operan en 640 hospitales; 62 centros de diagnóstico; 32 unidades oncológicas para mujeres, una por entidad; y un plazo máximo de 21 días entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento. La meta es llegar a 8.9 millones de mastografías al año.
Conviene mirar esa meta junto a la realidad actual: con las cifras que reporta el Informe, hoy se hace alrededor de una décima parte de ese volumen. No es un reproche, porque la adquisición se extiende hasta 2027. Pero obliga a hacer preguntas concretas: cuántos equipos ya están instalados, cuántos funcionan y con qué personal. Un mastógrafo sin técnico que lo opere, sin radiólogo que interprete el estudio y sin patólogo que confirme el diagnóstico no detecta nada. La infraestructura es el primer paso; la capacidad instalada y la transparencia sobre su avance son lo que realmente importa.
En Sinaloa, el secretario de Salud estatal informó el 24 de septiembre que la mortalidad por cáncer de mama se mantiene ligeramente por encima de la media nacional. Los diagnósticos pasaron de alrededor de 400 a más de 600 casos, un aumento que se atribuye en parte a una mayor detección. También se identifican casos en mujeres cada vez más jóvenes, a veces con características más agresivas, y el miedo al diagnóstico sigue siendo una barrera para acudir. Para octubre se prevén más pláticas y mastografías, y una nueva unidad en la zona de Guamúchil.
Prevenir no es solo detectar. Entre los factores de riesgo modificables están la obesidad, el sedentarismo, el alcohol y el tabaco, los mismos que sostienen buena parte de las enfermedades crónicas del país. Y la detección tiene un calendario claro: autoexploración desde los 20 años y mastografía cada dos años a partir de los 40.
Por eso, la pregunta de octubre no debería ser cuántos listones se colgaron, sino cuántas mujeres tuvieron acceso a un estudio a tiempo. Un listón rosa no sustituye un mastógrafo funcionando ni la confianza de una mujer para acudir a hacerse la mastografía sin miedo. Esa confianza se construye con información clara, con servicios disponibles y con resultados oportunos. Ahí es donde se mide si el mes rosa sirve de algo.

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