Salud Pública en Perspectiva
Paquete Económico 2027: lo que la austeridad le cuesta a la salud de México
Dr. Víctor Ruiz
dr.victor.ruiz.ruelas@gmail.com
El Proyecto de Presupuesto de Egresos 2027 propone 1.14 billones de pesos para salud, un aumento real de 10.6% frente a 2026. Es una buena noticia y conviene decirlo. Pero ese monto equivale a 2.9% del producto interno bruto (PIB), menos de la mitad del 6% que recomiendan la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud.
El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) advierte que el aumento no se reparte de manera equitativo. Frente a 2025, los hospitales e institutos de la Secretaría de Salud tendrían 1.5% menos, la salud mental 24.6% menos y los medicamentos apenas 1.5% más. Y más de tres cuartas partes de los recursos adicionales se concentrarían en la población con seguridad social: el gasto por persona del IMSS sería 2.1 veces el de IMSS-Bienestar.
Esto importa porque México parte de un rezago. La OCDE, en Health at a Glance 2025, calcula que el país gasta 5.9% del PIB en salud, sumando dinero público y privado, frente a 9.3% de promedio. Son 1 588 dólares por persona contra 5 967. Tenemos 2.7 médicos por cada mil habitantes (promedio OCDE: 3.9), 3.0 enfermeras (9.2) y 1.0 camas de hospital (4.2).
La historia tampoco es nueva. El gasto programable en salud promedió 2.2% del PIB con Calderón, 2.5% con Peña Nieto y 2.6% con López Obrador, según registros de la Secretaría de Hacienda; ningún sexenio se acercó al 6%. Y la población con carencia por acceso a los servicios de salud pasó de 16.2% en 2018 a 34.2% en 2024, de acuerdo con el INEGI.
Las consecuencias están en los indicadores. Según la OCDE, la esperanza de vida en México es de 75.5 años, 5.6 años menos que el promedio. La mortalidad tratable, es decir, la que podría evitarse con atención oportuna, es de 175 por cada 100 000 habitantes, contra 77. A 30 días de un infarto, muere 22.6% de los pacientes hospitalizados, contra 6.5%. Y solo 20% de las mujeres de 50 a 69 años se hace una mamografía de tamizaje, cuando el promedio OCDE es 55%. No todo se explica por el presupuesto, pero un sistema con pocas camas, pocos especialistas y poco tamizaje difícilmente produce otros resultados.
Aquí entra el proyecto presidencial. La red de 12 750 consultorios del Servicio Universal de Salud, que debe arrancar en enero de 2027, prevé unas 50 millones de consultas adicionales al año, según el boletín conjunto de las instituciones del 28 de septiembre. La idea de acercar la atención primaria es correcta.
Pero una crítica constructiva debe preguntar tres cosas. Primero, quién atenderá y bajo qué condiciones esos consultorios, si el país ya tiene menos médicos y enfermeras que sus pares. Segundo, con qué dinero se compensará a la institución que atienda a pacientes de otra: el decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 17 de abril de 2026 dio 60 días hábiles a la Secretaría de Salud para emitir los mecanismos de compensación entre instituciones, y a inicios de agosto ese plazo ya había vencido sin que se publicaran. El CIEP agrega que el presupuesto no iguala las capacidades financieras de esas instituciones. Y tercero, qué pasará con el segundo nivel, porque un consultorio sin hospital al cual referir es una puerta con pasillo corto.
Hay evidencia de lo que cuesta ignorar esas preguntas. Un análisis de 37 países de ingresos altos publicado en 2022 en Social Science&Medicine encontró que la austeridad probablemente fue una causa del estancamiento en las mejoras de mortalidad desde 2010. En Gran Bretaña, otro estudio en el Journal of Epidemiology and Community Health estimó unas 335 000 muertes más de las esperadas entre 2012 y 2019. Son estudios observacionales de otro contexto, pero el mensaje es claro: la austeridad en salud también mata, solo que lo hace despacio, y la factura llega años después.
El proyecto todavía está en manos de la Cámara de Diputados, que debe aprobarlo antes del 15 de noviembre. Esperaremos a ver qué cambia. Pero conviene recordar que cada peso que no llega a un hospital, a un medicamento o a una enfermera no se ahorra: se paga después, con vidas.

