Maru se cayó del caballo. ¿Quién la levantará?
José Luis Parra
a gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, pasó en cuestión de días de heroína del panismo a sospechosa de traición política. No precisamente a la patria, como se le imputa a su exfiscal César Jáuregui Moreno, sino a uno de sus principales aliados, colaborador durante dos décadas y aspirante a la alcaldía de Chihuahua.
Y de paso puso en peligro su futuro político. La candidatura presidencial del PAN para 2030, que parecía una posibilidad real, hoy luce bastante lejana.
En política las lealtades tienen fecha de caducidad. Y cuando aparece el peligro de perder el poder, hasta los amigos de toda la vida pueden convertirse en incómodos desconocidos.
El caso es interesante por donde se le vea.
Todo comenzó con la muerte de dos agentes de la CIA estadounidense, involucrados en un operativo contra un narcolaboratorio en la sierra chihuahuense. Su presencia en territorio mexicano, sin autorización del Gobierno federal, desató una confrontación entre Maru Campos y la presidenta Claudia Sheinbaum.
La gobernadora resistió los embates de Morena. Su partido cerró filas. Hasta surgió el movimiento Todos Somos Maru.
Y la mandataria estatal creció políticamente.
De pronto el PAN tenía una figura capaz de enfrentar a la 4T, con posibilidades de convertirse en candidata presidencial.
Pero el caballo se desbocó.
Y Maru terminó en el suelo.
Su exfiscal César Jáuregui fue detenido primero por autoridades estatales, bajo el gobierno de su antigua aliada, y posteriormente por la Fiscalía General de la República, acusado de traición a la patria.
Un delito mayor. De esos que pueden terminar con una carrera política y mandar a su protagonista a pasar una larga temporada en prisión.
Claro, falta demostrar su culpabilidad. La prisión preventiva no equivale a una sentencia.
Pero en México la justicia suele caminar a paso de tortuga. Y los calendarios electorales corren a velocidad de caballo desbocado.
Aquí aparece una interrogante: ¿Maru entregó a Jáuregui para salvar su propio pellejo político?
La presidenta Sheinbaum niega cualquier negociación. También la dirigencia del PAN rechaza la existencia de un pacto.
Pero dentro del panismo hay quienes no creen en las coincidencias.
Y tienen motivos para sospechar.
Según versiones recogidas por la prensa, durante un encuentro privado en septiembre, la presidenta habría advertido a la gobernadora sobre investigaciones federales contra su entonces cercano colaborador.
Después vino el cambio de fiscal estatal, la ofensiva judicial y finalmente la detención.
Todo perfectamente legal, dirán las autoridades.
Ojalá.
Porque una cosa es aplicar la justicia y otra utilizar las fiscalías como instrumentos para resolver disputas políticas.
Y en Chihuahua hay ingredientes para ambas interpretaciones.
Jáuregui aspiraba a la presidencia municipal de la capital. Maru tenía otro candidato: Santiago de la Peña, su secretario general de Gobierno.
Además, trascendió que el exfiscal habría amagado con respaldar al morenista Cruz Pérez Cuéllar si el PAN le cerraba las puertas.
Eso, en el lenguaje de la política, equivale a declararle la guerra a quien controla las candidaturas.
Y en las guerras políticas los heridos suelen terminar abandonados por sus compañeros de trinchera.
Ahora bien, tampoco podemos descartar que las investigaciones tengan sustento jurídico. La presencia de agentes extranjeros armados en un operativo antidrogas es un asunto delicado de soberanía nacional.
No es cualquier cosa.
Pero resulta igualmente delicado que una gobernadora termine políticamente beneficiada por la resistencia a las presiones federales y después avale la detención del funcionario que encabezó aquella operación.
¿Convicción jurídica o supervivencia política?
Quién sabe.
Por lo pronto, Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, parece haber descubierto las virtudes de la prudencia. Ni defiende abiertamente a Maru ni condena sin reservas a Jáuregui.
Una especie de equilibrio sobre la cuerda floja.
No vaya a ser que termine acompañando a la gobernadora en su caída.
Lo malo para el PAN es que el problema no termina con la detención del exfiscal. Morena insiste en mantener abiertas las investigaciones para determinar posibles responsabilidades de Campos.
Es decir, el expediente podría seguir creciendo.
Y con él los daños políticos.
Mientras tanto, Claudia Sheinbaum conserva una ventaja estratégica. Su gobierno sostiene la bandera de la soberanía nacional y la oposición aparece dividida, tratando de explicar por qué uno de sus principales cuadros enfrenta una acusación de traición a la patria.
Vaya paradoja.
El PAN que defendía a Maru ahora duda en defenderla.
Y la gobernadora que resistía a Morena ahora coincide con el discurso de que nadie está por encima de la ley.
La frase es correcta. Lo complicado es explicar por qué su aplicación terminó alcanzando precisamente al hombre que durante años formó parte de su círculo de confianza.
En este escenario hay dos posibilidades.
Una, que Jáuregui enfrente un proceso sustentado en pruebas y la gobernadora consiga sobrevivir políticamente, aunque con una imagen seriamente dañada.
Y dos, que el caso se convierta en una guerra de revelaciones, acusaciones y expedientes que termine arrastrando a buena parte del panismo chihuahuense.
En cualquiera de los dos escenarios Morena podría obtener dividendos electorales rumbo a 2027.
Y Maru tendría que olvidarse, cuando menos por ahora, de sus aspiraciones presidenciales para 2030.
Porque antes de pensar en Los Pinos, perdón, Palacio Nacional, tendría que recuperar el control político de Chihuahua.
Y quizá algo más importante: la confianza de sus propios compañeros de partido.
En política se puede sobrevivir a una derrota electoral, a una acusación e incluso a una traición.
Lo difícil es sobrevivir cuando los propios aliados comienzan a preguntarse quién será el siguiente sacrificado.
Por lo pronto, César Jáuregui está en el Altiplano.
Maru sigue en Palacio de Gobierno.
Y Claudia en Palacio Nacional.
Cada quien en su lugar.
Pero no necesariamente cada quien a salvo.
Bien dicen que en política nadie se cae solo del caballo. A veces alguien afloja la montura.
Y otras veces los propios compañeros espantan al animal.
¿Quién levantará a Maru?
O peor aún: ¿quién querrá hacerlo?

