Con ataques criminales contra los pacíficos, Sinaloa no puede hablar de paz
Los hechos de alto impacto como los ataques criminales en Culiacán contra el influencer César Gastélum y el músico Julio César Beltrán generan una nueva ola de indignación en la sociedad sinaloense, en la secuela de delincuencia organizada que remarca el terror de las armas y la impunidad sin permitir que las instituciones de seguridad pública coloquen el discurso de reducción en la incidencia de homicidios dolosos.
La pacificación de Sinaloa transmuta a oratoria hueca al imponer el crimen sus reglas, tiempos y métodos que no varían desde que el 9 de septiembre de 2024 empezó el enfrentamiento entre las dos células tradicionales del Cártel de Sinaloa, con el terrible recuento a la fecha con el promedio diario de 5.3 homicidios dolosos, 6.2 personas privadas de la libertad y 17.5 vehículos despojados mediante el uso de violencia.
El sentimiento de desprotección en los ciudadanos de bien afloró de nuevo con el ataque que le quitó la vida a César Gastélum, creador de contenidos para plataformas digitales, hecho que ocurrió durante la transmisión en vivo que mostró el momento del asesinato con la consiguiente protesta y propagación de miedo ya que el ataque fue perpetrado cerca de las instalaciones de la Fiscalía General del Estado.
En el caso donde la víctima es Julio César Beltrán, su desaparición fue reportada la noche del 20 de julio cuando el estudiante salió de su centro de trabajo en el cual laboraba para sostener la licenciatura en arquitectura, y 12 días después fue localizado sin vida consternando a la población por las referencias de joven tranquilo, con planes de desarrollo profesional y apegado a los valores familiares.
La crisis de la seguridad pública continúa cobrando vidas de jóvenes, niños, mujeres y de ciudadanos indistintamente que desvinculados de actividades ilícitas sufren las consecuencias de hampa que toma el control de ciudades y comunidades rurales, y gobiernos incapaces de proteger a los sinaloenses. Si bien es cierto que las fuerzas armadas y corporaciones policiacas someten a cada vez más grupos o individuos generadores de violencia, tal avance desvanece frente a la visible acometida bestial que echa abajo la expectativa de paz positiva y duradera.
Con información de Espejo

