DOMINGRILLA
FRANCISCO CHIQUETE
Trece personas registraron sus aspiraciones a la candidatura de Morena por el gobierno de Sinaloa. No es broma: todos esos se sienten con espolones para responder no sólo al compromiso electoral, sino también a los retos que implica estar al frente de un estado tan convulso como Sinaloa.
Aunque las personalidades son distintas, los intereses y los métodos para alcanzarlos spn los mismos. En los discursos apareció por supuesto la violencia extrema que este viernes nos colocó a la cabeza de la mísera tabla de asesinatos en el país, pero por supuesto, fue matizada con expresiones como “episodios difíciles” que además se han vivido “en los últimos meses” y todos, o casi, agradecieron y reconocieron a la presidenta por su apoyo a Sinaloa y los logros alcanzados en ese renglón. No cabe duda que los políticos viven en su propio país, y no en el de la gente a la que quieren representar.
Imelda Castro fue la más desbocada en su optimismo y sus limitaciones para mencionar los problemas reales. Casi lanzaba loas al desempeño de nuestra economía, como sí las lanzó a “la construcción de la paz”. Tere Guerra no le fue a la zaga describiendo un estado en que, efectivamente, muchos sinaloenses querríamos vivir.
Hasta Ricardo Madrid, representante del Partido Verde Ecologista de México, cantó las loas al gobierno y sus maravillas, aunque primero se dio el gusto de dirigir sus propias porras, que le corearon los cuadros de la burbuja verde en la capital. Por cierto fue muy curioso oír que el PVEM, según Madrid, es el partido con más crecimiento electoral en Sinaloa. Seguro le informaron -mal- que ellos ganaron las últimas elecciones, y no Morena.
Estrella Palacios, la alcaldesa mazatleca con licencia, fue más mesurada, pero dentro de la ola institucional, Difícilmente podría haber descalificado al gobierno del que ha sido parte.
Gerardo Vargas Landeros es el ejemplo más palpable de terquedad. Se registró con un discurso que sorprendería a todo el que conoció su peso en el periodo que formalmente encabezó Mario López Valdez (Gerardo operó casi todo). Se ofreció como garantía de que habría seguridad. Su periodo todavía tiene el récord de asesinatos. En aquel tiempo por cierto, empeñó su palabra: esa cifra (de asesinatos en el gobierno anterior) no se alcanzará nunca. La alcanzaron y la rebasaron. De la palabra empeñada se perdió hasta la boleta.
Lástima, un día antes del registro ofreció ir como chivo en cristalería y romper lanzas con el rochismo, pero no se animó. O lo callaron.
Graciela Domínguez empezó aspirando a ser candidata a alcaldesa de Culiacán, pero la estrategia de estorbarle el paso a Imelda, la llevó a buscar la gubernatura. Dicen sin embargo, que ahora ya se la tomó en serio, aunque no le vendría mal una red protectora como la negociación por la candidatura culiche. O hasta la mazatleca, donde nunca ha vivido.
La sorpresa entre las mujeres fue doña Lucila Ayala de Moreschi, una mujer que se ha hecho imagen abrazando causas que otros no pelaban, y que en ese recorrido ha tenido triunfos profesionales y políticos importantes, y coqueteos partidistas que no han alcanzado trascendencia. ¿Por qué participa? Quizá para irse situando como una imagen novedosa en el panorama morenista.
Jesús lfonso Ibarra Ramos es un diputado federal que ha avanzado en una carrera zigzagueante y chapulinezca gracias al cobijo de su hermano, colaborador cercano de Mario Delgado, y ahora también miembro de la corte de Alfonso Ramírez Cuéllar.
Omar Alejandro López renunció repentinamente a la secretaría del Bienestar y desarrollo, para irse a registrar. No se preocupe si no lo conoce. Para la inmensa mayoría de los sinaloenses había pasado desapercibido hasta que a Enrique Inzunza Cázares se le antojó ausentarse del Senado de la República con una licencia “condigna” de 22 horas y hubo que llamar al suplente, que resultó ser precisamente Omar Alejandro. El mismo día en que fue senador fugaz, lo devolvieron a su secretaría del Bienestar del estado, a la que llegó tras el despido de María Inés Pérez Corral, a quien el entonces gobernador Rubén Rocha Moya ubicó como activista de Imelda Castro sin separare de sus funciones, y la corrió. Y era cierto, activaba por la senadora, sólo que a los activistas de Inzunza Cázares y de Juan de Dios Gámez (octubre pasado) nadie los molestó ni despidió.
A este don Omar lo que se le da es la fugacidad, porque ahora, a menos de un año, renunció a la secretaría para irse de aspirante a candidato a gobernador. Es obvio que no tiene con qué ganar, pero lo mandaron a dar esa guerra, y el principal sospechoso del envío es su jefe y titular, Enrique Inzunza Cázares ¿querrá que lo recompensen con esa candidatura, porque la suya fue derribada con la acusación estadunidense de colaborar con el narco?
Lo de Jesús Fernando García Hernández, diputado local y dirigente estatal del PT, es una vacilada. Si el Partido Verde exigió su cuota de precandidatura, los petistas también, sólo que García no juega a los dados sin cubilete. Por cierto, es el único diputado federal sinaloense de la 4T que ha tomado la tribuna en la Cámara Baja para advertir sobre la grave situación de la inseguridad en Sinaloa, aunque después no volvió a tocar el asunto.
Rodolfo Valenzuela Sänchez, diputado local por el Verde, debiera llamarse Vicente, para que aplique en aquel dicho de “¿a dónde vas, Vicente? ¡A donde va la gente!”. Lo que sí aplica, sin cambiar de nombre, es aquello de “mandado no es culpado”.
Kristian Alexis Espinoza es un diputado local culiche que llegó como suplente. También lo mandaron.
Tomás de Jesús López es un maestro de primaria que dice que quiere enseñar a los sinaloenses a participar y a gobernar. Se vle soñar. Es de Guasave.
Es evidente que en este proceso han metido mano todos los grupos morenistas de Sinaloa. Con Imelda están todos los que se sintieron agraviados porque Rubén Rocha no los peló o hasta los desplazó, aunque algunos ya traían bronca porque los rochistas no vienen del cercano fondo de los tiempos morenistas, sino que se incorporaron después.
También el equipo de Rocha movió sus hilos, y aunque coinciden en mucho, Enrique Inzunza Cázares movió los propios, empeñados en echar bola para estorbar a los rivales. Alfonso Ramírez Cuéllar hizo lo mismo, sin fijarse en que uno de sus ahijados incumple la recién aprobada ley de la buena fama. Y por supuesto, el señor de las ligas, René Bejarano, sigue sin mover el dedo del renglón con Imelda.
Total, nomás faltó que se registraran Serapio Vargas, Miguel Ángel Gutiérrez y Manuel de Jesús Guerrero Verdugo. Habría sido un gran espectáculo.
LA FORTALEZA DE
NUESTRA ECONOMÍA
Para aquellos descreídos que se ofendieron cuando la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde dijo que Sinaloa era un paraíso de bonanza inacabable, ahí va un ejemplo que lo prueba fehacientemente: En la semana que termina, presentó su renuncia el secretario de Economía del gobierno de Sinaloa, Feliciano Castro Meléndrez.
Eso no prueba nada, dirá usted, pero resulta que se va un funcionario tan valioso, tan conocedor de ese ramo, tan relacionado con las inversiones nacionales y extranjeras, tan consultado por los grandes magnates del mundo y por las grandes asociaciones mutuales internacionales, y a pesar de esa renuncia, no pasó nada: no se cayeron las bolsas, no se devaluó el peso, las calificadoras no nos quitaron el grado de inversión. En fin, el mundo siguió adelante sin el apalancamiento de Feliciano a la economía. ¿Se lo irán a llevar los rusos, o los iraníes para que encabece la reconstrucción del país?

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