DOMINGRILLA
FRANCISCO CHIQUETE
La presidenta Claudia Sheinbaum fue enfática: sonaba convencida de que se debía defender la soberanía, mantener los principios frente a la ingerencia extranjera. Pero doce o trece horas después de la mañanera, se puso en marcha el Plan B y Rubén Rocha Moya pidió licencia a su cargo de gobernador del estado de Sinaloa.
Esta es la primera vez, en siete años y medio de gobiernos morenistas, en que un hombre del régimen cae ante señalamientos de corrupción. Parece ser la ruptura de una especie de protocolo de protección.
Soy un hombre limpio, dijo Rocha Moya al anunciar su solicitud de licencia, Y lo era. Durante muchos años fue una figura de referencia a la hora de analizar los problemas relevantes de la entidad. Tras su periodo como líder sindical, como agente de cambios en la vida universitaria (como rector de la UAS), como candidato sin esperanza de triunfo, pero con mucha capacidad de aportar en el debate público. Pero el ejercicio del poder actualmente es despiadado. Rocha terminó siendo objeto de los usos de una política excesivamente pragmática, que ve con disimulo el crecimiento del crimen organizado, dando un paso muy grave: del dejar hacer mientras no se metan conmigo, al dejar hacer y hacer juntos, según las acusaciones del gobierno norteamericano.
Rubén Rocha Moya tuvo los ánimos suficientes como para anunciar una defensa legal fuerte, basada en las disposiciones mexicanas. ¿Alguien puede creer que Estados Unidos se detendrá en matices jurídicos estabecidos por sus vecinos? Ellos tienen sus propios criterios y según su fuerza, son de aplicación universal.
Pero más allá de eso, la apuesta era muy pesada. En un platillo de la balanza están Rocha y sus compañeros de desgracia; en el otro se encuentra la relación con los Estados Unidos. ¿Cuál iba a pesar más?
Claro que todavía hay resistencias en el aparato gubernamental. Tiene que haberlas, pues nadie puede acusar a Rocha de haber cargdo los bultos de droga que pasarían al otro lado de la frontera ni de secuestrar o asesinar, o de traficar armas. Lo que se le atribuye es un supuesto acuerdo electoral y postelectoral con los grupos del crimen organizado.
Aceptar un cargo como ese sí va directamente contra la honorabilidad de Morena y los gobiernos que de ella han emanado. Lo que se manejaba como un sonsonete sin mucho sentido se ve formalizado: nrcopartido, que gana elecciones con el apoyo del narco y que luego retribuye con la colocación de elementos en puestos clave. Es imposible esperar que haya convenios protocolizados, pero quienes los ponen en evidencia son los presuntos beneficiarios.
La narrativa gringa es poderosa, es sólida, sobre todo porque viene basada en dichos de los supuestos socios del gobierno morenista de Sinaloa, y porque en su momento muchos supimos de denuncias como las que ahí se presentan. Por eso vamos a ver intentos de negociar para que ese cargo no se concrete y de ser posible, para que Rocha no se vea afectado en un proceso, aunque la tarea es difícil, porque él es el atractivo principal del paquete y su nombre está proyectado internacionalmente sin posibilidad real de defensa.
Además, el pliego acusatorio arrastra mucho público por su gran parecido con las narcoseries.
SU ÚLTIMA
CONCESIÓN
La noche y madrugada posteriores al anuncio de la separación del cargo, muchos nos preguntábamos quién llegaría a la sustitución. Será Geraldine Bonilla Valverde, la secretaria general, se dijo, pero no sonaba bien. Esa sería una magnífica salida como encargada del despacho, pero tendría que haber alguien que llegase como gobernador interino o gobernadora interina, pero no. Fue ella la seleccionada para el año y medio que le resta al periodo de Rocha Moya.
Geraldine es una figura interesante en la política. De ascenso meteórico en el grupo rochista, creció cuando el senador Enrique Inzunza Cázares se quejó de su sucesor Feliciano Castro Meléndrez, quien soñó con comerle el mandado futurista. Geraldine llegó como garantía de neutralidad y le ayudó a Rocha a aplicar el cambio de rieles con que impulsó a su ahijado Juan de Dios Gámez como nuevo delfín en el proceso sucesorio.
Cuando todo mundo esperaba a un enviado del gobierno central, aparece Geraldine, quizá como concesión a Rocha, que no le tuvo confianza a alguno de sus más cercanos en el cuidado final de las espaldas, y la eligió a ella, con la aquiesencia de la presidenta.
Por cierto a la flamante gobernadora se le recibió en el gabinete rochista con una expresión desafortunada. La meserita, dijo el entonces gobernador, no por menosprecio, sino por encomiar la trayectoria de superación que la había llevado de actividades tan modestas, hasta la alta burocracia sinaloense. El problema es que Rocha envejeció y no se adaptó a los nuevos ceremoniales del género y la corrección política verbal. Pero ese es un problema menor comparado con lo que hoy vive.
El asunto de la sucesión inmediata se les complicó a los especuladores porque exactamente en los mismos tiempos de la acusación gringa, Julio Berdegué Sacristán fue removido de la Secretaría de Agicultura y Desarrollo Rural. Seguirá trabajando en el gobierno, ahora en las negociaciones del Temec y en organismos internacionales, se anunció, pero los sospechosistas leyeron que venía al gobierno de Sinaloa. No ocurrió en esta oportunidad.
Al parecer, Berdegué fue victima de esa dicotomía morenista, en la que una parte importante insiste en matener el rollo de “primero los pobres” y dejar abandonada a la agricultura comercial porque es de ricos, y otra corriente busca negocias con una realidad que exige respaldar a esa forma de producción. Los radicales obradoristas parecen haber cortado una cabeza más, pues Berdegué había llegado a acuerdos iniciales con los agricultores por primera vez en el periodo cuatroteísta.
EL SALADO
El ya exalcalde culiche Juan de Dios Gámez es el mejor ejemplo de aquel viejo chiste político, según el cual, no todo el que se ayuda es bueno, ni todo el que te zurra es malo.
Gámez había sido feliz ocupando puestos a remolque. Por donde pasaba Rubén Rocha, su ahijado alcnzaba una posición, y a veces buenas posiciones, pero cuando lo hizo alcalde sustituto de Jesús Estrada Ferreiro, y luego candidato triunfador a ese misno puesto, le metio la zumba de su vida.
Gámez Mendívil no participó en acuerdos con los narcos en la elección del 2021. No tenía nivel para ello, como se acusa al gobierno de Rocha, pero a partir de que fue formalmente el jefe de la policía capitalina, se le pudieron atribuir las mismas cosas que al conjunto de diez funcionarios y exfuncionsrios teclamados en EU. El joven Gámez estaría feliz en una chamba burocrática si su protector no se hubiese propuesto elevarlo a las alturas de la alcaldía culiche. Hoy está bajo el riesgo inminente de una deportación y un enjuiciamiento en tierras ajenas y hostiles.
AGARRADO
DEL HUESO
Los dos más perjudicados por el acontecimiento son precisamente Juan de Dios Gámez y Enrique Inzunza Cázares, no sólo porque les tocó boleto “ganador” en esa rifa del tigre, sino porque con ello quedan eliminados de la contienda por la gubernatura. El más reacio es Inzunza, quien no sólo no ha solicitdo licencia, sino que ya anunció que no la solicitará. Que desde el Senado emprenderá su defensa, es decir, con la protección del fuero constitucional. A ver hasta dónde lo aguantan sus propios compañeros.
LO QUE PRECIPITÓ TODO
Quizás Rocha habría aguantado más tiempo en la gubernatura, mientras se le daba forma a su estrategia de defensa, pero este fin de semana se le vino la reunión del Consejo Nacional de Morena, y todos esperaban a ver si asistía, y en tal caso, si le repetían aquel coro de “no estás solo”.
No se veía posible, ya algunas voces internas le exigían la separación del cargo para que no salpicase al partido. Para peor, todas las defensas eran al país, a la Presidencia, al Paritdo, a AMLO, que no está acusado (todavía), pero por si acaso, y prácticamente ninguna defensa fue dirigida a Rocha en lo personal.
Bueno, sí bubo una, y eso fue lo peor: la del senador Gerardo Fernández Noroña. Por si algo le hiciera falta a don Rubén.

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