El gusano barrenador alcanzó a Sinaloa
Salud Pública en Perspectiva
Dr. Víctor Ruiz
El 22 de julio, la Secretaría de Agricultura y Ganadería de Sinaloa confirmó el primer caso de gusano barrenador del ganado en la entidad: un becerro de 40 días de nacido, con infestación en el ombligo, en Agua Verde, municipio de El Rosario. Dos días después, el panorama ya había cambiado: según el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) —organismo de la Secretaría de Agricultura encargado de vigilar la sanidad animal y vegetal del país— Sinaloa acumula tres casos activos, no uno. Con esto, el estado pierde el estatus que mantuvo durante 21 meses como una de las últimas cuatro entidades libres de la plaga.
A nivel nacional, hasta el 24 de julio del presente año Senasica reporta 1,736 casos activos, encabezados por bovinos (815) y, de forma reveladora, caninos (609). Un dato que suele pasarse por alto: más de un tercio de los casos activos del país están en caninos, no en ganado. El gusano barrenador no distingue entre especie de traspatio y especie de producción.
Por otra parte, según el Boletín Epidemiológico de la Dirección General de Epidemiología con corte al 17 de julio, México acumula 508 casos de miasis humana por Cochliomyia hominivorax entre 2025 y 2026, con 3 lamentables defunciones concentradas en Oaxaca, Yucatán y Querétaro. Sinaloa no aparece en esa tabla ni una sola vez: cero casos humanos confirmados.
Vale la pena reconocer que este escenario no tomó por sorpresa a quienes vigilan de cerca la salud pública en el estado. Antes de que existiera un solo caso confirmado en territorio sinaloense, la Sociedad Sinaloense de Salud Pública ya había reunido a especialistas y autoridades sanitarias para discutir, con nombre propio, si el estado estaba preparado para el regreso de esta plaga. El encuadre que eligieron para esa discusión no fue veterinario, sino de Una Sola Salud (One Health): la idea de que un problema así nunca se queda en un solo sector —toca a la salud humana, a la animal y a la interconexión entre los ecosistemas que ambas comparten—. Dicho de otro modo: la pregunta correcta ya se había hecho antes de que llegara la respuesta.
Y esa pregunta llega en un momento delicado para la ganadería nacional. El mismo 24 de julio, Estados Unidos anunció la reapertura gradual de su frontera a la exportación de ganado mexicano, suspendida más de un año por esta misma plaga, a partir del 24 de agosto por el cruce Agua Prieta (Sonora)-Douglas (Arizona). No es casualidad que el primer punto de reapertura sea uno de los tres estados que aún se mantienen libres de la plaga. La pregunta que sigue es inevitable: ¿qué tan sólido es ese estatus de “zona libre” cuando el vecino más cercano lo perdió apenas 48 horas antes del anuncio?
Esto es exactamente lo que la perspectiva One Health nos obliga a ver: no como compartimentos separados —ganadería por un lado, salud pública por otro, comercio exterior por otro más—, sino como un mismo sistema donde una mosca que se desplaza 20 kilómetros al día puede mover, en cuestión de semanas, el estatus sanitario de un estado, la negociación comercial de un país entero y la tranquilidad de miles de productores.
¿Qué hacer con esto, más allá del titular?. Aquí el peso no debería recaer únicamente en el productor o el ciudadano común, sino en qué tan bien las autoridades comunican lo relevante. La información oficial sobre Sinaloa ha sido clara en un punto: es un problema animal, no humano. Pero la comunicación de riesgo no puede limitarse a un comunicado aislado; requiere continuidad y cifras accesibles al público, no solo activarse cuando el problema ya tocó la puerta propia. Este episodio demuestra que la vigilancia funciona mejor cuando se comunica de forma constante y no solo cuando hay algo por anunciar.
La lección de esta semana no es distinta a la que hemos repetido en columnas anteriores: la vigilancia epidemiológica seria no separa especies, fronteras estatales ni sectores económicos. Quienes vigilan de cerca este tema lo vieron venir con meses de anticipación, con nombre y marco conceptual claros. La pregunta que ellos ya se hicieron —¿estamos preparados?— es la que ahora nos toca responder con hechos, no con especulación.
