Esta señora tampoco respeta la ley
ÍNDICE POLÍTICO
FRANCISCO RODRÍGUEZ
Luego de que López Obrador dijera aquello de que no le “salieran con el cuento de que la ley es la ley” –y que actuara en consecuencia–, muchos creímos haberlo escuchado ya todo.
No fue así, ahora la señora Claudia Sheinbaum también da muestras de que la ley le vale madres.
Lea usted lo que recién dijo en Quintana Roo a un funcionario de menor rango burocrático que el ostentado por ella:
“Hay que gobernar con sentido común y para la gente. Cuando la norma se pone por encima de la gente y el sentido común, entonces está mal. Entonces, no cumplas con la norma, eso es lo que te estoy diciendo”
“¡No cumplas con la norma!”
Ese es el santo y seña, la consigna rompedora del reinecito de Cuarta… que desde 2018 está acabando con el Estado de Derecho.
¿Para que envía esta señora iniciativas al Congreso –que no les cambia ni una coma—si al final de cuenta no respetará ni acatará su esencia?
“¡No cumplas con la norma!”
¿Para qué requiere una Consejería Jurídica del Poder Ejecutivo Federal si, a final de cuentas, hará lo que le dicte su sentido común… no muy confiable, por cierto?
Lo peor es que ya lo sabíamos. Que mediante el chantaje, las presiones, la compra de voluntades –con recursos que aportan los delincuentes que son sus aliados–, los cuatroteros pasan sobre las leyes, las pisotean y hasta se limpian salva sea la parte con ellas.
“¡No cumplas con la norma!”, Claudia.
Iniciemos nuestro safari armados solo con la ley de la selva.
Menospreciar o hasta despreciar la ley ignora, desafía y vulnera conscientemente el orden jurídico establecido.
Y esto erosiona a las cada vez menos instituciones que nos quedan, debilita el Estado de Derecho.
La señora Sheinbaum ya ha dado muestras de desacato a la ley, al anteponer los intereses de su partido y de su protector durante la discusiones de la malhadada Reforma Judicial del Acordeón.
¿No acatar la norma da paso a la desobediencia civil?
Muchas leyes. Poco acatamiento
Porque imponer a como dé lugar la ley de la selva es el sueño guajiro de los ineptos. A pesar de que durante siglos no se encontró mayor justificación para la existencia del Estado que brindar la seguridad elemental, los gobiernitos oscuros y ramplones se la pasan colgándose de mil pretextos para librarse de esa pequeña carga, única razón de ser de su parásita estructura.
Haciendo a un lado todas las supuestas obligaciones, modalidades y la parafernalia que se ha escrito sobre el Estado que, de ser un Leviatán súper poderoso se ha convertido en una pobre entidad cargada de pasivos patrimoniales para con sus gobernados, lo único que le queda es su razón para existir: ¡Acatar la norma!
Existen sobre la Tierra muchos pueblos civilizados, con sociedades estratificadas y ampliamente diversificadas que necesitan para su correcta convivencia unas cuantas leyes, pocos códigos y la interpretación judicial inteligente.
Aquí no. Nosotros estamos en el lado opuesto de esa condición. Sobre regulados y congestionados de leyes aprobadas y votadas como si se tratara de una competencia entre formaciones políticas, para ver cuál de ellas es la más abocada para legislar al vapor.
El resultado está a la vista: un catálogo de derecho positivo, integrado por decenas de miles de leyes y códigos de las que nadie se acuerda, hasta que tiene que ir a las bibliotecas jurídicas para respaldar nuevas iniciativas y argumentar ¡sobre lo ya legislado con antelación!
Y eso era antes de que la dupla AMLO / Sheinbaum se les ocurriera, a uno, y ejecutar, a la otra, la Reforma Judicial del Acordeón.
Porque hoy los juzgadores… ni siquiera merecen ser llamados así.
Es la locura.
Y en esa estamos embarcados por los cuatroteros
“No acaten la norma!”, pues.
¿También vale para los (mal) llamados gobernados?
Porque el sentido común nos dice que no deberíamos pagar alcabalas, impuestos, derechos, etc. a un dizque gobernó que no cumple con su obligación principal: brindar seguridad a la población.
Ya lo demás es lo de menos.
¡Con que solo cumplieran eso!
Indicios
La edición dominical del diario Reforma proporcionó a sus lectores una detallada revisión del “nuevo Poder Judicial” –el que es producto del acordeón–, en el que, entre muchas otras cosas se detectaron abogados de narcotraficantes que ahora son jueces, jueces que benefician al gobernador que los propuso, ministros que acuden a mítines presidenciales y juzgadores que también son funcionarios de partidos políticos. ¡Un desastre, pero que el que se pretendía desechar! Estamos en el peor de los mundos. Sin que las (mal) llamadas “autoridades” obedezcan las leyes… y sin juzgadores imparciales. * * * Por hoy es todo. Le agradezco haya leído este Índice Político. Y como siempre le deseo ¡buenas gracias y muchos, muchos días!
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