José Luis Parra

 

La llamada Cuarta Transformación ya no enfrenta solamente a sus opositores nacionales, a la prensa incómoda o a los jueces que todavía respiran sin pedir permiso. Ahora el problema parece venir del norte. Y cuando el norte investiga, no pregunta si hay mañanera, mayoría calificada o bendición del partido.

La periodista Anabel Hernández soltó una bomba: Estados Unidos tendría bajo la lupa a una larga lista de personajes ligados a Morena por presuntos vínculos con el crimen organizado y redes de huachicol. En esa lista, según su dicho, aparecen nombres de peso: Andrés Manuel López Beltrán, Adán Augusto López, Gerardo Fernández Noroña, Américo Villarreal, Alfredo Ramírez Bedolla, Alfonso Durazo, Mara Lezama, Ricardo Monreal, Arturo Ávila y Marina del Pilar.

Bonita colección.

Obviamente, hasta hoy, una cosa son los señalamientos periodísticos y otra muy distinta las acusaciones formales ante una corte. Pero en política, y más cuando interviene Estados Unidos, la sombra suele caminar antes que el expediente. Primero llega el rumor, luego la filtración, después la visa cancelada, enseguida el silencio incómodo y al final, si se juntan las piezas, aparece el juez.

Rubén Rocha Moya sería apenas el inicio. El caso Sinaloa abrió una puerta que en Palacio Nacional quisieran cerrar con discurso patriótico, pero no siempre se puede tapar un incendio con estampitas de soberanía. Menos cuando del otro lado investigan huachicol, narcotráfico, campañas, aduanas, puertos, operadores políticos y amistades peligrosas.

La 4T presumió durante años superioridad moral. Hoy algunos de sus cuadros empiezan a necesitar algo más práctico: abogados bilingües.

El caso de “Andy” López Beltrán es políticamente explosivo. No por ser funcionario, sino por ser hijo del expresidente. Si Estados Unidos realmente sigue pistas sobre huachicol y presuntos beneficios de grupos criminales, el golpe no sería contra un personaje menor. Pegaría directo al corazón sentimental del obradorismo.

Adán Augusto tampoco está en zona cómoda. Su cercanía con Hernán Bermúdez, señalado como “Comandante H”, y las versiones sobre redes de combustible ilegal lo colocan en una posición delicada. De aspirante presidencial pasó a personaje bajo sospecha. Cosas de la política: ayer repartía bendiciones, hoy podría necesitar explicación.

Noroña, fiel a su estilo, defiende a los suyos y exige pruebas. Tiene razón en una cosa: sin pruebas no hay condena. Pero también hay otra verdad: la ostentación, las casas, los viajes y la defensa automática de todo lo guinda no ayudan mucho cuando el barco empieza a hacer agua.

En Tamaulipas, Michoacán, Sonora, Quintana Roo y Baja California los señalamientos también tienen historia. Huachicol, campañas, cárteles, visas, operadores, expedientes y silencios. Demasiado humo para creer que todos estaban asando carne.

Y aquí viene la pregunta incómoda:

¿Estados Unidos tiene realmente una lista negra o la 4T está frente a una guerra de filtraciones?

Quién sabe.

Pero el daño político ya empezó.

Porque cuando Washington mira hacia México con lupa, algunos descubren tarde que la soberanía no sirve como chaleco antibalas. Sirve para discursos. Para expedientes, no tanto.

La presidenta Claudia Sheinbaum tendrá que decidir si protege al movimiento, al legado de AMLO o al Estado mexicano. No es lo mismo. Y quizá ahí esté el verdadero dilema.Política

Por lo pronto, Morena hace fila en la ventanilla del “no hay pruebas”.

Puede ser.

Pero también decían que no había corrupción, no había masacres, no había huachicol, no había pactos y no había narcopolítica.Relaciones internacionales México

Puro cuento.

Hasta que alguien canta.

 

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