FRANCISCO CHIQUETE
Gente en la calle gustosa, frenética y exaltada, como si viniese del mismísimo estadio Azteca, aunque sólo llegaron al malecón procedentes de la Juárez, de la Montuosa, o los fraccionamientos cercanos al área turística. Muchos más de los que celebraron el triunfo sobre Sudáfrica Corea o Chequia.
Bastaron dos goles de la selección nacional de fútbol para mostrar ese espíritu de cuerpo, esa comunidad que no afloró ni con las amenazas de Donald Teump, ni con la defensa del gobierno claudista al gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, al senador Enrique Inzunza Cázares y coacusados.
Los gritos de México/ México/ México contagian, enronquecen, hacen aflorar los sentimientos comunes, el patriotismo elemental que arrastra a buena parte de la población.
Ni comparar con las excitativas de la presidenta para equiparar a los acusados de narco gobernantes con la soberanía nacional.
No de balde hasta los diputados y senadores morenistas se negaron ante la provocación para que usaran una camiseta en defensa a Rubén Rocha,
En cambio la camiseta de la selección la portan todos, sin convocatoria y sin compromisos partidistas, y sin divisiones entre los que traen prendas originales o piratas.
Tampoco se comparan  los llamados del lamentable Alito Moreno para “defender al país” bajo la bandera del PRI, ni las aseveraciones sentenciosas de Marco Cortez para “rescatar la legalidad” desde la comodidad del subsidio oficial recibido por3” PAN. Ninguno de ellos genera fervores como los que se cantaron desde las televisoras que narraron el triunfo a lágrima viva.
El fútbol es mágico. Nada genera los amores instantáneos, como este deporte del que sale un Santo Niño de 17 años de nombre Gilberto Mora, que si anota algún gol superará a Pelé y a Maradona en los grandes pedestales laicos de la religión futbolera.
¿Cómo comparar las actuaciones de Julián Quiñónez y sus golazos, con las patadas ideológicas proferidas por Fernández Noroña desde las secciones de primera clase en vuelos internacionales?
O las impresionantes atajadas del Tala Rangel, que son mucho más efectivas que las maromas y vuelos del secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora para contener el endeudamiento fiscal y la falta de efectivo para tejer la red de protección que significan los programas sociales
El crack Inzunza Cázares intenta seguirle metiendo goles a la portería del tercer piso, mientras Rocha Moya pretende retomar sus tiempos de director técnico con miras al torneo del año próximo, aunque tenga cancelada la certificación internacional.
Mundos diferentes, aunque se manejen a patadas. En este mundial la árbitro mexicana Katia Itzel García imparte justicia con mano dura, mientras en la política sinaloense cinco mujeres, Imelda Castro, Tere Guerra, Graciela Domínguez, Estrella Palacios y Lucila Ayala de Moreschi se prepara para un partido de pronóstico reservado, donde una ya metió mano negra, otra juega al fuera de lugar, una más fue prácticamente echada del equipo de primer nivel, y las otras dos tratan de habilitar sus propias jugadas.
Si al ecuatoriano Pedro Hincapié le sacaron tarjeta roja, a Gerardo Vargas lo tienen casi sentenciado con una amarilla y vatios llamados de atención.
Claro que el INE y el Tribunal Electoral Federal están más chuecos y cargados quGianni Infantino, pero por lo pronto los mexicanos estamos más entrados que los políticos que meten mano al arca, juegan por fuera de la línea y asestan patadas por debajo y codazos por arriba,
Mientras vemos qué pasa el domingo con Inglaterra o República Democrática del @Congo, las televisoras nos venden el rolloOnofre Vargas de ¿y si sí? Olvidándonos completamente de aquel malhadado “no era penal”.

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