La Costumbre del Poder: El petróleo como metáfora
* Resulta que los impolutos marinos y militares son los que mangonean en ese reducido espacio de corrupción que enriquece de manera incalculable. Ahora es cuando la oferta de López Portillo de administrar la abundancia se concreta en las manos de unos cuantos pícaros
Gregorio Ortega Molina
El petróleo, el oro negro, no sólo es fuente de energía en diversas formas, a lo que es necesario sumar los derivados de la refinación. También es sinónimo de riqueza, para unas cuantas naciones, y de enorme corrupción y desperdicio en la mayoría de los países que lo explotan.
La empresa petrolera nacional -que en un momento nos llevaría a administrar la abundancia- inició 2026 con números rojos. La nota informativa indica: “Durante el primer trimestre del año registró una pérdida neta de 45.992 millones de pesos, unos 2.624 millones de dólares, lo que supuso un alza de 6,2% respecto a las pérdidas reportadas en el mismo periodo del año pasado. En su reporte financiero enviado a la Bolsa de Valores, la paraestatal atribuyó la caída a una disminución en ventas, un mayor deterioro de activos fijos y menores ingresos de otros rubros, así como por un mayor costo de instrumentos financieros derivados y una pérdida cambiaria. En su llamada a inversionistas, el director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, destacó la reducción de la deuda financiera de 7,3% respecto al cierre del año pasado, para ubicarse en 79.000 millones de dólares, su nivel más bajo desde 2014”.
Rescatemos la frase de Ramón López Velarde, la que indica la única razón por la cual los gobernantes de esta República se mostraron incapaces de administrar la abundancia, ya que los veneros de petróleo los escrituró el diablo. Vencidos por los usos y costumbres de la administración pública mexicana, los directivos de Pemex, familiares de los expresidentes, doblaron su voluntad ante esos referidos veneros de petróleo, debido al empeño de salir de pobres a cualquier precio. ¿Pregunten a Alicia López Portillo y sus descendientes? ¿Dónde quedan Rocío Nahle, Emilio Lozoya?
El ingenio mexicano para el latrocinio y sus diversas modalidades llama la atención en el mundo. ¿Dónde surgió la idea del huachicol fiscal? ¿Por qué destacan marinos y militares en ese tráfico que no es cruento y produce ingresos que ponen de pestañas a Edgar Amador y Adán Augusto? Todo permite suponer que al huachicol también lo escrituró el diablo.
Lo que realmente sucede en materia de corrupción en el ámbito de la administración petrolera, parece de novela policiaca. Hace unos días la prensa nacional anunció: “El contralmirante de la Secretaría de Marina Armada de México, Fernando Farías Lagunas, prófugo desde agosto del año pasado al ser acusado de formar parte de una red de corrupción relacionada con huachicol fiscal, fue detenido este jueves en Buenos Aires, Argentina, con fines de extradición, confirmaron fuentes federales.
“Se trata del segundo mando de alto rango de la Marina detenido por su presunta participación en esta red de tráfico de hidrocarburos provenientes de Estados Unidos. Esto ocurre tras la detención, en septiembre, de su hermano, el vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna, junto con una decena de funcionarios que presuntamente protegían el ingreso de combustible ilegal al país mediante esquemas de simulación de importaciones”.
Resulta que los impolutos marinos y militares son los que mangonean en ese reducido espacio de corrupción que enriquece de manera incalculable. Ahora es cuando la oferta de López Portillo de administrar la abundancia se concreta en las manos de unos cuantos pícaros.
El tema de la soberanía no es menor
Una aguda e inteligente lectora nos recuerda: La soberanía es encontrarse en el estado o modo de autodeterminación. En México no nos estamos autodeterminando, nos encontramos en un régimen que determina, la población, la ciudadanía, nosotros pues, no estamos determinando nada. El encarcelamiento “preventivo”, la congelación de bienes sin juicio de por medio, el deterioro de los servicios públicos, el debilitamiento de la ley de amparo, los tribunales con jueces ignorantes y comprados, no son determinaciones de los ciudadanos, nunca querría ningún ciudadano determinarse así, en esas condiciones, son más bien, imposiciones abusivas de los sí soberanos López Obrador y Sheinbaum. Ellos dos son los únicos soberanos a base de fuerza, represión y amenazas.
¿De cuál soberanía habla Sheinbaum? De la suya propia.
@OrtegaGregorio

