La triste efeméride sinaloense; Nadie nota las “pequeñas desgracias”; Todos a festejar
DOMINGRILLA
FRANCISCO CHIQUETE
A los sinaloenses nos cayó la efemérides más lamentable de nuestra historia: dos años de la narcoguerra que nos desangra y nos arruina.
Y aunque no lo parezca, hay algo más doloroso: ninguna autoridad ha tenido la capacidad para enfrentar adecuadamente el fenómeno, ni la sensibilidad necesaria para entender lo que estamos viviendo.
Al gobernador Rocha le faltó fuerza para enfrentar suficientemente a la delincuencia, pero le aobró vigor para desafiar al sistema cuando quiso regresar al ejercicio de gobierno.
A la gobernadora interina (Yeraldine primera) no le alcanzó ni para despachar con confianza en la silla que le prestaron.
Doña Graciela (interina II) una de las pocas políticas que llegó al trono del virreinato casi directamente del piso raso, ya se incorporó al lenguaje del régimen.
Falta por hacer, pero hemos avanzado, dijo.
¿De veras? ¿Hay algún parámetro que nos diga “avanzaron”?
Veamos: no hemos tenido bloqueos de carreteras ni desfiles de tropas irregulares en Culiacán, pero todos saben que las células delictivas están donde siempre, esperando el momento de atacar, y atacando cuándo es su monento.
No tarda el gabinete de seguridad en venir a decirnos que ha bajado el número de asesinatos y que a nivel nacional la reducción ya llega al 52 por ciento. Aunque fuera cierto, anunciar eso a los sinaloenses es como decirle a alguien de mercurio que no se preocupe por las altas temperaturas, que en Neptuno están a muchísimos grados bajo cero.
Cuando Rocha regresó fugazmente al gobierno, se encontró a su llegada con un grupo de madres rastreadoras que protestaban por la falta de apoyos. Le entregaron carpetas con datos de decenas de casos, a ver si activaba algo. No le alcanzó el tiempo, no por breve, sino porque lo destinó a tratar de obtener apoyos para su permanencia. Eso era lo urgente. Falludo, pero urgente
Cuando los sinaloenses empezaron a poner el grito en el cielo porque la economía está desplomada, desde la Presidencia de la República (consejería jurídica) los tacharon de mentirosos y les rezaron el rosario de beneficios de un marco económico nacional que ya lo quisieran en Dinamarca.
A los desaparecidos ni los pelan.
A los asesinados a veces ni los enlistan.
Por supuesto, los señores del gabinete de seguridad y las autoridades similares y superiores están demasiado elevadas, no alcanzan a ver detalles pequeños como el del niño de un año cuatro meses que murió durante un ataque de sicarios que por supuesto, no era para él.
Tampoco les dice nada que una niña haya muerto a balazos porque la policía o un grupo delictivo creyeron que era de un enemigo la moto en que su tío la llevaba de emergencia a la cabecera municipal para curarla porque la había picado un alacrán.
O la señora que murió en su negocio de frutería porque dos perseguidos fueron a refugiarse ahí y los perseguidores de todos modos dispararon.
Por supuesto, no les importa ni perciben la histeria de decenas de chamacos que salían de la Secundaria 5, en Urías, justo cuando dos motociclistas y sus respectivos apoyos intercambiaban balazos, como en el viejo oeste.
Y así como estos, cientos de casos que sólo duelen a quienes están cerca, no en las alturas del Olimpo.
Hay algunas explicaciones, además de la falta de interés en “las cosas pequeñas”.
Dice el INEGI que de cada cien delitos, sólo uno llega a solucionarse, y no siempre satisfactoriamente.
La impunidad es la llave mágica para aplicar el credo de Lampeduza: que todo cambie (se transforme por cuarta vez) para que todo siga igual.
A DISFRUTAR
Como aquí se trata de disfrutar y de que así lo parezca, la noche de este martes habrá fiesta patria. La gobernadora Domínguez cumplirá su sueño de dar el grito y traerá su show musical.
En todo Sinaloa hay condiciones para festejar la noche mexicana, dictaminó.
Al oírla, los escuinapenses, los concordenses y los navolatenses habrán estallado en júbilo.
Adelantemos con ellos el
¡VIVA MÉXICO!
