Mexicano…¿Por qué te sientes chingón?
Oswaldo Villaseñor
Esto es México, decía Jaime Camil y el campeón de boxeo, Saúl Canelo Álvarez ante un multitud que abarrotaba el Estadio Azteca y cantaba a pulmón abierto El Rey amenizada por el grupo Maná.
Los Mexicanos somos chingones; gritaba el Canelo Álvarez.
¿Pero por qué el mexicano es chingon o se lo cree, si está en un partido de futbol como aficionado o espectador y no como jugador?
Bueno, habría que decir que la gloria y el triunfo de los demás, lo asume como suyo propio. Y entonces por qué no asume también como su problema los grandes males que enfrenta el país.
¿Por qué el dolor ajeno no lo asume como suyo y provoca remedirlo?
Hay que recurrir a los estudios antropológicos y sociológicos para tratar de entenderlo.
Desde una perspectiva antropológica y sociológica, este contraste se explica por mecanismos de identidad colectiva, efervescencia emocional, escapismo y rituales de cohesión social.
¡A jijo!..Y todo esto que es.
No es hipocresía exclusiva de México, sino un patrón observable en muchas sociedades bajo estrés, donde el deporte -especialmente el fútbol como religión civil- actúa como válvula de escape y generador de pertenencia temporal.
1. Efervescencia colectiva (Émile Durkheim)
Durkheim describió cómo los rituales compartidos generan una “electricidad” emocional que une a los individuos en un “nosotros” superior, produciendo euforia, sentido de trascendencia y refuerzo de la solidaridad social.
En un partido de la Selección Mexicana, millones vibran al unísono: gritos, abrazos, banderas y cánticos liberan oxitocina -el “pegamento social”- y crean una comunión temporal. Esto transforma el estadio o la calle en un espacio sagrado donde desaparecen, por momentos, las divisiones de clase, región o ideología.
Antropológicamente, es un ritual de inversión o carnaval: se suspenden normas cotidianas, se libera energía reprimida y se celebra la identidad nacional. En México, donde el fútbol es parte central de la cultura popular, esto se amplifica. Estudios en América Latina muestran que los partidos internacionales funcionan como “rituales nacionalistas” que fortalecen la identificación con la nación.
2. Construcción de identidad social y nacionalismo banal
La teoría de la identidad social (Tajfel y Turner) explica que las personas derivan autoestima de su pertenencia a grupos. La Selección (“El Tri”) es un símbolo accesible y emocional de “mexicanidad” que trasciende problemas cotidianos. Ganar genera orgullo colectivo y un sentido de victoria compartida “somos campeones” incluso si es momentáneo. Esto es especialmente potente en contextos de fragmentación social.
El nacionalismo a través del deporte es “banal” (Billig): no requiere esfuerzo ideológico profundo, solo playeras, banderas y emoción. En México, históricamente, el fútbol ha servido para forjar una identidad nacional mestiza y popular, más efectiva que instituciones abstractas.
3. Escapismo y “pan y circo” ante la precariedad.
Sociológicamente, en sociedades con altos niveles de inseguridad, desigualdad y desconfianza institucional, el deporte ofrece catarsis y distracción temporal. La euforia es una “pausa” de la realidad: estrés crónico, violencia, corrupción y malas noticias.
Psicólogos y sociólogos mexicanos señalan que el Mundial actúa como amortiguador emocional y generador de pertenencia cuando la vida diaria es dura.
Esto recuerda la idea romana de panem et circenses: proveer entretenimiento para mantener la paz social. No resuelve problemas estructurales y los expertos insisten en que la euforia no sustituye soluciones reales, pero permite “respirar” y sentir control o esperanza donde habitualmente hay impotencia.
La apatía hacia los problemas no es ausencia de conciencia, sino fatiga, habituación o percepción de que son demasiado grandes para el individuo aislado. La euforia colectiva es más fácil de activar porque es emocional e inmediata.
4. Factores culturales y contextuales mexicanos•
La Cultura de la fiesta y resiliencia: México tiene una larga tradición antropológica de celebraciones colectivas (fiestas patronales, carnavales, Día de Muertos) que integran dolor y alegría. La fiesta no niega los problemas, sino que coexiste con ellos “podemos protestar y celebrar”.
El Fútbol es como una religión civil: Más que un deporte, es un espacio de comunión masiva en un país con diversidad regional y desconfianza en la política.
Eso si, los Efectos son temporales: La euforia es efímera. Derrotas o fin del torneo pueden generar frustración o regreso a la apatía, a veces con riesgos de violencia por exceso de alcohol y anonimato.
En resumen, la euforia futbolera no refleja indiferencia moral, sino la potencia de los rituales para generar unidad y alivio emocional en contextos de adversidad.
Antropológicamente, los humanos necesitamos estos momentos de “comunión” para sostener la cohesión social. Sociológicamente, destaca cómo las sociedades canalizan energías hacia símbolos accesibles cuando los problemas estructurales parecen inmanejables.
La clave no es criticar la celebración, sino usarla como recordatorio de que esa misma capacidad de movilización colectiva podría aplicarse a demandas sociales más profundas. La fiesta pasa; los problemas persisten si no se actúa.

