DOMINGRILLA

FRANCISCO CHIQUETE
Finalmente el gobierno mexicano dejó de lado las formalidades y simulaciones y llamó a clases presenciales a partir del lunes. En Sinaloa se aseveró que la medida es resultado de una baja en la pandemia, aunque La realidad es muy distinta. Ya no se han presentado días pico de mil quinientos contagios, pero persisten los de mil ciento y tantos de manera sostenida.
El asunto tiene varias vertientes: la decisión gubernamental de mantener la actividad económica en todos los renglones; la necesidad de convencer a la población de que, pese a todo lo que se está viviendo, la pandemia ya fue vencida; y la preocupación real y fundamentada, de que la educación en México está en situación de emergencia, por la pérdida de casi dos años en que los métodos alternativos de enseñanza no fueron suficientes ni efectivos.
Aunque oficialmente sigue la modalidad de educación en línea, la realidad es que muchos maestros ya no están cumpliendo ese trabajo. Los hay que por cubrir el expediente, están poniendo a los niños a llenar páginas y más páginas, sin guía ni comunicación de ninguna especie. Además, por ahorro y porque ya le urgía forzar el regreso a clases presenciales, el gobierno suspendió los convenios que generaban clases por televisión a través de canales concesionados,
Los especialistas advierten además que muchos chamacos abandonaron la escuela, ya sea porque no tenían acceso al internet y ni siquiera a la televisión para recibir sus clases, o porque la modalidad a distancia no tuvo fuerza para retenerlos y mantener su atención. Los padres no pudieron aplicar la disciplina de la asistencia diaria o tampoco tuvieron voluntad porque no entendieron el concepto de esa forma de educar,
Esto por supuesto genera argumentos poderosos para el regreso.
El problema está en que justo estamos pasando por lo que se supone es o será el pico de esta cuarta ola, que con la variable Ómicron se ha convertido en la más contagiosa, y se abren los riesgos de que aquellos hogares que no han sido contagiados o ya han superado sus casos, se contagien o vuelvan a hacerlo.
En el mundo se están tomando medidas semejantes. Incluso Perú cuya condición social y económica es más precaria que la de México, ha determinado el regreso a clases, con una diferencia: allá están vacunando a los niños a partir de los cinco años, y aquí el gobierno se sigue resistiendo a incluir a los pequeños en los programas de protección, sólo por hacer su voluntad, porque otros países con mayor y con menor desarrollo, han decidido proteger a la población infantil.
Es curioso que las autoridades mexicanas insistan en rechazar muchos de los recursos que han recomendado los científicos: desde el control de la movilidad hasta los cubrebocas, centrándose es la consideración de que la vacuna nos va a salvar de todo, pero también se oponen a extender la cobertura y sólo ceden cuando el resto del mundo los pone en evidencia.
Mientras tanto seguimos oyendo los discursos sobre el menor impacto del ómicron y la desocupación de las camas hospitalarias, al tiempo que los medios nos informan sobre fallecimientos (que ya volvieron a subir al rango de los quinientos por día) y la saturación de los principales hospitales en las ciudades grandes.
Por desgracia todos estos elementos nos recuerdan los acontecimientos dolorosos e indignantes que hemos enfrentado en las llamadas olas anteriores, con un agravante: hoy les urge reactivar la economía porque las cosas caminan hacia un evidente fracaso.
UN CARNAVAL MÁS
LARGO QUE LA CUARESMA
Mientras el alcalde Luis Guillermo Benítez Torres se aferraba como garrapata a la decisión de hacer el carnaval, el secretario de Salud Héctor Melesio Cuen decía que no y el gobernador Rubén Rocha Moya sacaba uno de sus tradicionales malabares conciliadores en que todo mundo tiene su cuota de razón.
Benítez Torres quiso escudarse en una consulta popular, pero percibió que la opinión pública era contraria a su aventura del contagiadero y pospuso la pregunta con la esperanza que mantiene toda la cuarta transformación: que Ómnicron termine de pasar y se disuelva en el aire como por arte de magia.
Pero llega un personaje externo, el secretario de Turismo del gobierno federal, Miguel Torruco que vino a decir como en la biblia: “hágase la luz”, pero tropicalizada: hágase el carnaval. Total, él ya se infectó por segunda vez y no le pasó nada, y como a él no le pasó nada, pues ya lo dijo el presidente: se trata apenas de una gripita, un catarrito que no afecta a nadie.
Así que si un mazatleco reacciona diferente de Torruco, culpa será de su organismo y no del secretario, y mucho menos del presidente o de esa bendición recientemente decretada, que es Hugo López Gatell.
Además para que viesen que traía el remedio y el trapito, tuvo la brillantez de sugerir que el carnaval de alargue. Así que si hoy en el desfile los integrantes de los carros alegóricos pasan hasta siete horas a bordo, yéndose de los muelles a los Cerritos, tendrán que llevar pijamas.
Es importante para la economía que haya carnaval. Muchos empleos adicionales dependen de ello y muchos empresarios cuentan con esos ingresos para superar los problemas que la pandemia ha generado a sus negocios, pero es difícil tomar decisiones tan a rajatabla sin tomar en consideración los riesgos de generar nuestra propia quinta ola, o de prolongar la cuarta que apenas estamos conociendo en su verdadero rigor,
Por supuesto no es sólo el carnaval del Mazatlán. En la Ciudad de México, la jefa de gobierno y presidenciable Claudia Sheimbaun declaró que aún cuando pasaron del semáforo verde al amarillo, no se suspenderían las clases presenciales ni los eventos masivos. En Veracruz ya se anunció que el carnaval se hace porque se hace, y en León se realizó la feria anual de fama internacional,
Me parece que al presidente y a su equipo les parece más barato, en términos políticos, que la gente se enferme y eventualmente que hasta se muera, al fin que ya no ocurre tanto como antes; frente al riesgo de que la economía siga en picada y la gente se irrite porque pierde el trabajo, la comida sigue encareciendo y encima, ante la baja del ingreso nacional, se bajen también los impuestos y no pueda continuarse con los programas sociales, sobre todo los de entrega de dinero en efectivo, y además, suspender las grandes obras emblemáticas.
Mire usted: en el 2019 la economía mexicana apenas alcanzó a crecer una o dos décimas. Los contarios decían que serían resultados negativos, de modo que el presidente celebró esas dos décimas de punto como si hubiesen sido veinte veces más; en el 2020 la pandemia nos mandó al fondo, pues el producto interno bruto cayó más de ocho puntos, en lugar de crecer.
Para el año pasado, con la economía de Estados Unidos creciendo a tambor batiente, parecía que alcanzaríamos a recuperar lo perdido, pero nos quedamos cortos. Por el contrario, los dos últimos trimestres fueron de fiasco. Imagínese usted si con todo eso, el presidente y su equipo tendrán condiciones para permitir que “por minucias” como la salud, se sigan suspendiendo actividades que generan dinero.
Todo apunta a que al final, el Químico se saldrá con la suya y volverá a ver por encima del hombro a sus contrincantes de la cuarta transformación. “Haiga sido como haiga sido”.
¿CÓMO VOTARÁ ZAMORA?
¿QUIÉN ORDENÓ EL NO AL PAN?
En la semana nos hicieron y nos hicimos dos preguntas de palpitante actualidad.
Ya con el placet de España a la designación de Quirino Ordaz como embajador de México, sigue el trámite del Senado de la República, que debe confirmar la designación. ¿Cómo votará el senador priísta Mario Zamora, habida cuenta que el PRI estaría expulsando a sus exgobernadores reclutados por la 4T?
En la mesa de análisis de Altavoz, le respondí a Pablo César Espinoza que muy probablemente Zamora se declararía infectado de Covid por enésima ocasión y no podría acudir a emitir su voto. La realidad es que Zamora estaría obligado a votar en contra, pues hoy es colaborador del dirigente nacional Alejandro Moreno, quien se ha erigido en verdugo de los priístas coquetos. Ya lo veremos.
El PAN, cuesta abajo en su rodada, se quedó con sólo un diputado en el Congreso Local, Tenía dos, pero tras la accidentada elección de dirigente estatal, Adolfo Beltrán renuncia a su militancia y deja al blanquiazul con sólo un representante, lo que es insuficiente para hacer fracción parlamentaria.
En esas condiciones, el PAN le tira el sablazo al PRI, para que le preste a uno de sus ocho legisladores, pero el tricolor, pese a la sociedad electoral reciente, dijo que no.
Este sábado, en nuestro programa en vivo de Sinaloa en Línea, pregunté a mis compañeros de emisión quién a su juicio había instruido para ese “no” priísta: ¿Quirino Ordaz, quien palomeó al grupo parlamentario? ¿Alejandro Moreno, el dirigente nacional? ¿Ricardo Madrid, el coordinador? ¿Rubén Rocha Moya, gobernador del estado, morenista?
Sí, todos nosotros pensamos como usted: el gobernador.

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