Juan Alfonso Mejía

Dr. en Ciencia Política

Activista social a favor de la educación

Profesor Universitario, UAS.

¡Se PUEDE!
Mazatlán y el 2024.
Para todo aquél o aquella que pone atención, es fácil deducirlo: “las y los mazatlecos son otra cosa.” Si se trata de un negocio, es difícil mantenerlo en el largo plazo; si es una campechana, aquí es caliente; si hablamos de regionalismos, primero somos mazatlecos antes que sinaloenses. “Aquí hasta un pobre se siente millonario”. Sentarse en Olas Altas no tiene precio. Observar la puesta el sol en el clavadista es único. El Malecón nos reúne a todos. El Faro es el orgullo. El Centro Histórico nuestra joya. Basta vivir aquí para atesorarlo.  Por eso no es extraño que los del centro o la zona serrana nos miren con extrañeza. Pero es más fácil de lo que parece. Somos, ante todo, un espíritu libre.

 

La esencia de nuestra personalidad se dibuja fácilmente en el terreno de lo político. Nuestra lealtad “no es un cheque en blanco” para nadie. En los últimos 30 años, las y los mazatlecos nunca hemos votado tres veces por el mismo partido. En 2018 y 2021, la mayoría ya fue para Morena, ¿habrá una tercera ocasión? La evidencia dice que NO.

 

La historia es rica en enseñanzas. No sólo aprendemos a no cometer los mismos errores, sino a profundizar en la esencia de los fenómenos sociales. La cultura política del electorado mazatleco es abierta al cambio. Los estrategas electorales nos definen como “switchers”, porque la identificación con un partido es mínima. Diría mi madre, “mijito, las mazatlecas votamos por quien nos da la gana”.

 

Mazatlán fue sede de aquellas primeras victorias de la oposición en la década de los 80´s, cuando PRI ganaba carro completo en todos lados. Cuando el PAN gobernaba la presidencia de la República, el PRD ganó el distrito federal con mayor presencia en el casco urbano de la ciudad con Armando Galván (+) en el 2003. Cuando el PAN y el PRD se impusieron como partidos gobernantes en buena parte del territorio nacional, el PT ganó la Alcaldía en aquél trienio del terror. Tuvimos tres alcaldes, debido al pésimo desempeño de los dos primeros. El “Cayo” Ramírez salió al quite para atravesar el bache.

 

Hay una cultura política mazatleca dispuesta a no votar por Morena y sus aliados, el PT y el Verde. Pero también, hay una coyuntura. De acuerdo con los expertos, el presidente de la República cuenta con una alta aprobación en la ciudad, de alrededor de 81%. Altísima. Esas mismas estimaciones, miden al Gobernador del Estado con 62% de aprobación. La diferencia entre el primero y el segundo es notoria, de 19 puntos porcentuales. El actual alcalde en funciones, Edgar González tiene una aprobación de 51%.[1] Si la política se hace en la coyuntura, el partido en el poder tiene un boquete listo para ser atravesado. El electorado mazatleco está listo para votar por una alternativa. El desafío para los partidos de oposición es esa, saber si se atreven a proponer una alternativa.

 

Como muchas cosas en la vida, esto lo aprendí escuchando.  Me dijo una señora: “Juan Alfonso, en 2018 yo voté por el Químico. Sus locuras me llevaron a arrepentirme en 2021. Pero, la alianza en contra de Morena lanzó a Pucheta. Más de lo mismo. No voté.” Eso no es una alternativa para este electorado. La oposición tiene el gran desafío de entusiasmar.

 

La campaña no será un día de campo para nadie. Será una campaña la que decidirá quién gobernará la ciudad por los próximos tres años. Habrá un elemento adicional sobre la mesa, un “elefante en la sala”. El Químico Benítez y las historias de corrupción, de él y los suyos. Para tres cuartas de la población, “el Químico” es “corrupto”. No es una acusación, de eso se encargarán los tribunales; es una percepción. Lo mismo sucedió con la LXIV Legislatura, al grado de empujarlo a renunciar. Luego el gobierno del Estado lo rescató, lo hizo su secretario de Turismo, impresentable, y le dio las gracias a los meses.

 

Hace unos días, el hoy ex acalde obtuvo una suspensión definitiva por la posible compra irregular de automóviles para rifar el Día de las madres. Un juego de niños frente al otorgamiento sin licitar de 400 millones de pesos destinados a la compra de luminarias para el alumbrado público de la ciudad. Ni qué decir del caso Nafta o del Cartel Inmobiliario al interior del Ayuntamiento.

 

Las y los mazatlecos no le tenemos miedo al cambio, no nos gusta que nos ignoren. La corrupción y el abuso de poder del que ha sido objeto la ciudad es producto de la falta de equilibrios.

 

Si la corrupción es el aceite que engrasa la maquinaria de la política, los ciudadanos tenemos el poder de levantar muros institucionales. El mecanismo es simple: nuestro voto.

 

Recuperemos Mazatlán para las y los mazatlecos. Después de todo, ¿qué magna obra recuerda Usted para la ciudad, amable lector@, ahora que un sólo partido tiene el control absoluto (¿la presidencia de la República, gobierno del Estado, el Congreso local y la alcaldía? Le ayudo. Ninguna, claro, más allá de “unas luminarias”.

 

Si les damos todo el poder, ¿por qué nos voltearían a ver?

Para nuestra suerte, las elecciones están a la vuelta de la esquina.

¡SE PUEDE! #MazatlánMereceMAZ

Que así sea.

 

[1] Para no polemizar sobre las encuestas, les propongo imaginar el escenario. Así no perdemos la discusión central: el boquete originado en el partido gobernante en Mazatlán.

 

LA TAREA NUNCA ACABA
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