Yo Campesino / ¿Y los dos billones?
- Edgar Amador: finanzas públicas ¿bajo control? Deuda creció 12%
Miguel A. Rocha Valencia
Pareciera que la economía ficción de la 4T convence a propios, pero no a los ajenos, especialmente a las calificadoras que, como Moody’s, nos tienen al borde de la quiebra con su BBB-, último peldaño para convertir la deuda mexicana en basura.
Ese peligro de convertir la deuda en basura es observado también por Fitch Ratings, quien plantea que es el “principal riesgo para la calificación soberana de México” y causante de que “la economía permanezca durante un periodo prolongado con tasas reducidas de crecimiento”, ya que el nivel constituye el “último escalón antes de la categoría especulativa”.
Si eso pasara, adiós al “súper peso”; la crisis sería de grandes proporciones con una devaluación de pronóstico reservado. De hecho, el Banco de México da cuenta de la salida de capitales extranjeros por cerca de 92 mil 353 millones de pesos en enero, según reporte publicado en La Jornada, y otros 24 mil millones de pesos en marzo, “derivado de la incertidumbre económica y la aversión al riesgo”.
En el análisis realizado de los últimos datos a través de la IA, la “desinversión” en bonos mexicanos se deriva de dos factores: “disminución en las tasas que pagan los papeles gubernamentales y la cautela por el entorno comercial y político”.
Esto es importante señalarlo porque, más allá del presunto crecimiento de la economía que “rebota” después de varios meses a la baja, y dejar en claro que el supuesto superávit en la balanza comercial debe tomarse con “asegunes” por aquello de que por cada 100 pesos exportados solo 37 por ciento corresponden a la participación nacional en los productos vendidos a Estados Unidos, especialmente en lo referente a manufacturas y electrónicos.
Pero aun así son buenas noticias de crecimiento, aunque en el promedio de la 4T no se llegue a más del uno por ciento en promedio ni se alcance el 1.9 “pírrico”, como calificaron el del sexenio de Enrique Peña Nieto.
El problema no está ahí ni que el déficit en el gasto sea actualmente de casi 500 mil millones de pesos, que no se gastaron y que podrían sacarse en el segundo semestre y no necesariamente en inversión productiva, sino para apuntalar la compra del agradecimiento popular en vista de las elecciones del próximo año, es decir, que el criterio en vez de ser económico-financiero, sea eminentemente político, lo cual hará que, de nuevo, bajen las expectativas.
Pero más allá de todas estas “sesudas reflexiones” hay un hecho que debe preocuparnos y tiene que ver con el primer segmento del comentario: la deuda pública, que sigue creciendo aparentemente sin control, aunque se tiene previsto que al finalizar este sexenio superó los 20 billones de pesos.
Esa deuda que el profeta subió de 10 a 17 billones de pesos, es decir, a poco más de 1.15 billones por año y que hoy, en menos de dos años y de acuerdo con el informe presentado por el secretario de Hacienda, Edgar Abraham Amador Zamora, ya aumentó en dos billones de pesos.
Es decir, que de 17 billones con que cerró el sexenio anterior, ya está por arriba de los 19 billones de pesos, sin que haya obra pública nueva o mantenimiento a las existentes que los justifique, eso además de que se presume un no gasto presupuestal por 500 mil millones de pesos.
Empero, dice Edgar Amador que no debemos preocuparnos ya que el nivel de endeudamiento del país se mantiene “en niveles adecuados y manejables”, pero no deja de llamar la atención que en el Informe de Finanzas Públicas y Deuda Pública correspondiente al segundo trimestre de 2026, el saldo histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), considerado la medida más amplia de la deuda del país, rebasó los 19 billones de pesos al cierre de junio.
Un año antes, en el mismo periodo de 2025, el saldo era de 17 billones de pesos y sin registrar crecimiento que lo justifique, hecho que representa un riesgo macroeconómico para México según la calificadora Fitch, la cual advierte que un periodo prolongado de estancamiento dificultaría la estabilización de la deuda y limitaría una eventual mejora de la nota soberana que, repetimos, está en BBB-.
Por eso llama mucho la atención el informe de Hacienda, ya que el INEGI informó que el PIB cayó 0.6 por ciento durante el primer trimestre de 2026, respecto del trimestre anterior, aunque avanzó 0.4 por ciento en comparación anual.
La opción es que la inversión privada crezca (la pública no lo va a hacer) para generar un crecimiento real, no de pizarrón como lo presenta Hacienda, que si bien presume crecimiento en la recaudación, debe observarse la caída en los ingresos petroleros, pero sobre todo un dato que preocupa por lo que refleja: la baja persistente en el Impuesto Sobre la Renta.
Y es que si por un lado se festeja el aumento de ingresos por IVA en 10 por ciento y que se deriva por la existencia de más gasto porque se mete más dinero a la circulación sin soporte productivo, como los programas sociales-clientelares, por el contrario, la caída del 6.2 en el ISR refleja el aumento de la informalidad empresarial y laboral, lo cual se traduce en mayor número de unidades económicas y trabajadores que no están cotizando otros impuestos ni prestaciones sociales.
Y eso no es reflejo de una mejora económica sino del empobrecimiento de los ingresos, tanto que la deuda por gasto al consumo en plásticos creció 72 por ciento y el volumen de la pobreza laboral se fue para arriba.
Finalmente, y para contextualizar lo que está pasando con el dinero, hay que apuntar que si bien el gasto bajó 500 mil millones de pesos, no fue casual y veremos que suelten el dinero en el segundo semestre; pero además, la inversión física pública disminuyó 7.9 por ciento frente a un crecimiento de los programas sociales en 9.7 por ciento, con lo cual queda clara la prioridad de la 4T: comprar votos antes que mejorar la economía.
Pero aún hay que preguntarse: ¿Dónde están los dos billones más de deuda?

