José Luis Coindreau García, expresidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), afirma que Andrés Manuel López Obrador aspira a ser un comunista y no un estatista como Luis Echeverría Álvarez.

“Él quiere ser un dictador, aspira a ser un dictador. Yo en lo personal creo que aspira a ser un dictador comunista y tiene una particular simpatía por el comunismo”, afirma.

“Debería el sector empresarial decirlo con claridad: no es un estatismo como pudo ser y no es un socialismo, sino el rumbo que quiere llevar este señor es el comunismo”, considera.

“¿Qué más pruebas? Sus reconocimientos y alabanzas a favor en las organizaciones mundiales de Nicaragua, Cuba y Venezuela”, dice a Forbes México.

 

José Luis Coindreau García vivió un rompimiento con los ex presidentes Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo. También fue vigilado por los espías al mando de Miguel Nassar Haro, exjefe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), a finales de los 70 y principios de los 80.

El empresario regiomontano desafió a través de protestas y manifestaciones a José López Portillo, quien anunció aumentos salariales de 30%, 20% y 10% —lo que profundizó la crisis de la que el país apenas comenzaba a salir— y la nacionalización de la banca.

También oyó en marzo de 1982 ante la asamblea general de la Concanaco una frase que marcó la relación entre empresarios y gobierno: “Un presidente que devalúa, se devalúa; sé que un presidente que toma decisiones en los momentos como los actuales, para muchos sectores pierden credibilidad y, desde luego para muchos otros, es causa de retiro de fe”.

El también expresidente de la Cámara Nacional de Comercio de Monterrey de 1973 a 1974 trabajó de la mano en Coparmex con empresarios como Andrés M. Sada Zambrano, Manuel J. Clouthier del Rincón y José María Basagoiti Noriega. Todos también fueron espiados por la DFS.

Tras la Revolución Mexicana, expone el exdirigente empresarial, los ciudadanos caminaron en paz y empezaron a organizarse y desarrollarse, pero en 1940 Lázaro Cárdenas del Río sembró la división entre ricos y pobres, pero terminó su régimen sin que comenzarán los cambios profundos.

Incluso, agrega, no pasó nada con el arribo al poder de Manuel Ávila Camacho ni con Miguel Alemán Velasco ni con la izquierda de Adolfo López Mateos.

Luis Echeverria Álvarez llegó al poder con una siembra de odios, cuenta el empresario. Y ahora arriba Andrés Manuel López Obrador con acciones de agitación y odio, algo que entre la población mexicana es incapaz de portarlo en contra de las diferencias de color, piel y patrimonio, expresa el miembro del Consejo Nacional del PAN desde 1984 a la fecha.

“Los agitadores que hemos tenido en la historia de México no han tenido éxito y López Obrador está ayudando a comprobar mi tesis, porque a mitad de su periodo ya se le volteo en contra la población”, dice quien fue consejero de la Concanaco (1970-1975).

—¿El estatismo del gobierno de Luis Echeverría se compara con el planteado por Andrés Manuel López Obrador?

—No, Luis Echeverría era socialista o estatista, o sea quería concentrar en el Estado la actividad económica y las empresas, que iban rumbo a la quiebra las compraba para estatizarla: Esa era su vocación y su misión. Aquí es un Estado serio y grave, ya que (López Obrador) admira mucho a regímenes comunistas, así como reprueba a los aspiracionistas que estudian, especializan y luchan para salir adelante y tener una casa.

El también expresidente del Centro de Estudios Políticos del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) comenta que en el sexenio de López Obrador ha sentido a los empresarios muy callados, excepto a Gustavo de Hoyos, expresidente de la Coparmex y hoy parte de la agrupación Sí por México, de la mano de Claudio X. González.

 

“Sentí que no había más voces que la de Coparmex, algo que no es raro, porque siempre Coparmex se ha destacado por tener una voz muy independiente y muy fuerte”, apunta Coindreau García, quien en la década de los 80 comenzó a participar en política en las calles de tierra de San Pedro Garza García, uno de los municipios más ricos de México. Ahí salía con bocina en mano a realizar activismo político.

El fundador de Consejo Cívico de Instituciones de Nuevo León, un organismo parecido a Vértebra de Carlos Abascal Carranza, recuerda que los empresarios afiliados a organismos empresariales no deben participar en política partidista.

Añade que los empresarios están obligados a participar en política cívica, crítica y de señalamientos, orientación y reconocimiento para impulsar a una gobernadora, alcalde o presidente al tomar decisiones sabias y reconocerlo y aplaudirlo y criticarlo.

“Pero eso es distinto a que se pronuncien por un partido, porque entonces empiezan a marginarse internamente”, expuso el expresidente Coparmex.

“Siempre he creído que el empresario debe participar como organización empresarial en las decisiones de los señores que ocupan puestos públicos y no partidizar”, agrega.

“Los organismos empresariales no estamos para pelearnos con el régimen, pero tampoco para arrodillarnos ante el régimen y tendría una posición auténtica, autónoma y crítica para bien o para mal de las acciones del régimen”, indica.

Durante los primeros dos años del gobierno de López Obrador hubo demasiado silencio, buena voluntad y buena fe por parte de algunos organismos empresariales, como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), menciona Coindreau García.

“Ya con los reveses recibidos del régimen, las mentiras del régimen o las falsedades de entrar a una junta y salir de la mano muy de acuerdo. Pero esa misma tarde estaba declarando el presidente de la República lo contrario, entonces sin que el aludido dijera ‘está en un error, así que eso no es así y eso fue así y así’. Hoy no ha habido capacidad de respuesta”.

Coindreau García señala que las cúpulas empresariales sí deben buscar el diálogo con resultados y no un diálogo para decir mentiras.

 

“O sea, ‘te quiero mucho, te admiro mucho’ de aquí para allá y de allá para acá, así como ‘yo también respeto mucho tu actividad’ y salir de la junta y la siguiente mañanera pues un reatazo en seco a todo lo que se dijo el día anterior”.

Los partidos políticos, asegura, despertaron y lograron unirse en muchos estados para puestos de gobernadores, alcaldes, así como diputados federales y locales: “Eso le propició un revés fuerte a las políticas estatistas”.

“El presidente de la República batallará de aquí en adelante para seguir con la eliminación de los organismos autónomos e independientes, que nos ha dado un poquito de vida a la democracia”, dice Coindreau García.

“Yo no digo que íbamos por el buen camino o íbamos hacia el buen camino, pero todavía por un camino muy lleno de piedras y baches”.

“El Instituto Nacional Electoral (INE) nos trajo paz electoral desde 1996, cuando se creó, se reformó y se fortaleció. Creo que en las elecciones, a pesar de los ataques y presiones continuas el presidente. El INE mantuvo una posición digna de reconocimiento, porque no es fácil enfrentarse personalmente a un presidente, yo lo he vivido y son posiciones difíciles”.

El presidente no se da cuenta de alertas, que le van poner un freno y se va topetear con realidades internas y propias de un país como México, asevera Coindreau García.

“Su mismo partido (Morena) va empezar a rechazar del pensamiento a diferir del pensamiento de él y con la intención de ganar adeptos para las próximas elecciones”.

El morenismo seguirá teniendo divisiones: “Conozco amigos míos que tuvieron confianza en el inicio del partido de que había un cambio”.

Los partidos políticos, continúa, han cometido errores graves y tiene razón la población en decir “déjame buscar un cambio” y en el cambio encontró las cosas peores de López Obrador. “Ese cambio y ese golpeteo nos han pegado a los partidos tradicionales”, cuenta.

Los partidos, además, han desarrollado cotos de poder y evitan la entrada de gente brillante, independiente y piensa por sí sola, apunta.

“Estos cotos de poder quieren gente que doble la cabeza ante una directriz central. Por eso los partidos políticos han perdido gente brillante, gente muy muy buena porque están decepcionados de nosotros”, enfatiza.

“Perdimos la sensibilidad y tenemos que volver a los partidos: Hablo de mi partido, el PAN, el cual debe volver a esa tradición de abarcar a todos los ciudadanos y de incluir a los ciudadanos que abrazan los valores que tenemos desde 1939”, agrega.

“Ningún partido ha permanecido fiel a sus valores iniciales, todos cambian y se ponen a la moda. En el PAN defendemos los valores que Manuel Gómez Morín”, expresa Coindreau García.

 

 

Con informació de Forbes

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