BITÁCORA INQUIETA
Lo que toleramos… no siempre es lo que debemos consumir
JESÚS OCTAVIO MILÁN GIL
LA FRASE QUE ABRE
Hay cosas que el cuerpo puede soportar…
pero que la dignidad no debería normalizar.
EL HECHO INCÓMODO
Durante generaciones, en las cocinas más humildes —y también en las más descuidadas— ha ocurrido en silencio un acto casi invisible:comer frijoles con gorgojos.
Pequeños insectos. Imperceptibles a veces.
Inevitables en el almacenamiento prolongado.
Y la pregunta —más común de lo que se admite— aparece sin rodeos:
¿Hace daño?
La ciencia responde sin dramatismo: no.
El gorgojo del frijol —ese diminuto habitante del grano almacenado— no es tóxico, no envenena, no transmite enfermedades de forma directa.
El cuerpo humano, en condiciones normales, puede tolerarlo.
Incluso —dirán algunos con frialdad biológica— es proteína.
Pero la ciencia, cuando se queda sola, a veces se queda corta.
LO QUE LA CIENCIA NO DICE COMPLETO
Porque hay otra verdad, menos cómoda, menos técnica… pero más humana:
Que algo no haga daño no significa que sea correcto.
El frijol con gorgojos no solo contiene insectos.
Contiene descuido. Contiene tiempo mal administrado.
Contiene condiciones de almacenamiento deficientes.
Y a veces… contiene resignación.
Ahí es donde el problema deja de ser biológico y se vuelve estructural.
Porque detrás de ese plato no hay solo proteína extra.
Hay una cadena silenciosa de omisiones.
LOS RIESGOS QUE NO SE VEN
No es el insecto el que preocupa.
Es lo que lo acompaña:
Humedad.
Hongos.
Bacterias.
Descomposición lenta.
El grano pierde calidad.El sabor se altera.La nutrición se reduce.
Y en algunos casos, el cuerpo sí responde: alergias, malestar, rechazo.
No por el gorgojo en sí…sino por el entorno que lo permitió.
LA LÍNEA QUE NO DEBERÍA CRUZARSE
Sí: lavarlos, seleccionarlos, cocinarlos bien… puede volverlos consumibles.
Pero hay un punto —ese que no siempre se reconoce— en el que ya no es prudencia seguir.
Cuando hay muchos. Cuando hay olor. Cuando hay moho.
Ahí ya no es alimento.
Es advertencia.
LO QUE REVELA UN PLATO
Un país no se mide solo por lo que produce…sino por lo que tolera en su mesa.
Normalizar lo “no dañino” como suficiente es el primer paso hacia aceptar lo inaceptable.
Porque la salud no es solo ausencia de enfermedad.
Es también presencia de dignidad.
COLOFÓN
El cuerpo puede soportar muchas cosas.
Pero cuando la costumbre empieza a justificar lo evitable…el problema ya no está en el frijol.
Está en lo que dejamos pasar.
         Un saludo mi estimado amigo Oswaldo Villaseñor

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *